Oct 072015
 

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Al principio todo son risas. Que si mira a esos niñatos que hacen fotos con el móvil, que si periodismo es solo el de papel, que si usar el tablet como cámara debería ser motivo suficiente para restaurar esa bonita costumbre del destierro a Siberia –nada que objetar a eso- o que si los selfies y sus palos son solo una moda tonta más.

Mucho cachondeo hasta que los móviles se llevan por delante el mercado de compactas, las periodistas prefieren ser reinas y algún genio desde su despacho y calculadora en mano descubre que un reportero, un palo y un iPhone le sale más barato que contratar a un cámara para grabar las crónicas frente a la peluquería donde se hace las puntas Cristiano.

¿Pensabais que a vosotros no os iba a tocar?, bromean los fotoperiodistas ante sus compañeros operadores de cámara mientras les enseñan la ocurrencia de esa televisión suiza que ha sustituido sus equipos por un smartphone y uno de esos absurdos palos. El selfie como nuevo género informativo. Bienvenidos al futuro, porque a fuerza de intentarlo –no es la primera vez que vemos una chorrada semejante- acabarán por conseguirlo.

Se trata de una medida para que los equipos sean más ligeros, la capacidad de respuesta del periodista sea más ágil, y claro, para ahorrar algunos euros, explicaba el director de la citada televisión local suiza. Un auténtico genio al que por lo visto no se le ha ocurrido que reducir su sueldo o sencillamente poner en su cargo a un koala con un portátil y Excel también daría un empuje a las cuentas de la cadena. Y posiblemente nadie notaría el cambio.

Y es que más allá de su entrañable preocupación por el peso que cargan los reporteros, algo nos dice que aquí se ha aplicado la ley número uno del llamado cebrianismo: más pasta para el consejero delegado de turno, más becarios y menos periodistas con sueldos y condiciones dignas. Un clásico del que ya estamos tan aburridos que incluso nos estamos empezando a quedar sin chistes.

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Oct 022015
 

SelfieSpoon

La plaga de los selfies -forma supuestamente sofisticada de llamar a los autorretratos de toda la vida-, lejos de remitir, sigue generando monstruos. Y es que al dichoso palo de selfies le acaba de salir un nuevo primo: el palo con cuchara incorporada, un artilugio de lo más ingenioso pensado para que, por fin, podamos conseguir eso que la humanidad lleva siglos pidiendo, fotos nuestras mientras comemos.

Bautizado como selfiespoon, el invento es obra de una marca, Cinnamon Toast Cruch,  dispuesta a inundar las redes sociales con gente comiendo sus estupendos cuencos de cereales cada mañana. A un lado del palo, el típico enganche para poner el móvil; al otro, una cuchara y un mando a distancia para poder disparar la foto.

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Sep 142015
 

IMG_1169Aunque salen menos en los periódicos que los que llevan una u otra bandera en la cabeza, hay unos cuantos -muchos- catalanes que están hasta la mismísima butifarra con mongetes del proceso, de la sonrisa de príncipe encantador de Mas, de los fachas de Ciutadans y de las cartas del señor X.

Algunos al principio se tomaron el asunto con cierto entusiasmo porque -y en eso coincidimos- cualquier cosa que ponga nerviosos al PP y al PSOE es de entrada divertida. Pero con los años los chistes han ido perdiendo fuelle y puede más el cansancio que las ganas de discutir con los que quieren cambiarlo todo votando al del 3%, o quienes reparten carnet de españolidad porque sí. Se nota que estamos en campaña, ¿verdad?

Este bonito resumen de la actualidad política catalana -estratégicamente redactado para tocar las pelotas a unos y otros… suponiendo que no sean lo mismo- recuerda un poco a la sensación que uno tiene cuando, de paseo por una feria de tecnología, se encuentra con un stand dedicado a los palos de selfies. Perdón, a los putos palos de selfies.

Aunque pueda parecer increíble, la moda no sólo goza de una estupenda salud sino que incluso da de sí como para crear un segmento propio. Una categoría en la que no sólo aparecen marcas históricas como Kodak o Rollei -sí, también Nikon tiene su propia palo– sino que se ha entrado en una absurda carrera por ver quién inventa la tontería más grande.

Y no es una forma de hablar, porque en la pasada edición de IFA nos encontramos con esos palos de selfies XXL de la imagen con los que algún genio parece tener ganas de emular a un dron. No quieres palo, pues toma uno de tres metros que, aproximadamente, es lo que debían medir desplegados estos trastos.

La única respuesta posible ante esta huida hacia delante del selfiepalismo es un largo y sonoro bostezo. Da igual que lo usen millones de personas a las que se lo colaron y que consideran gracioso no solo salir en todas las fotos, sino que aparezca un palo en medio de la imagen. Siguen siendo una memez. Y cuanto más grande, peor.

Romeva me prometió que mi vida sería mucho mejor con un palo de selfies, lloriqueaba el otro día una señora decepcionada frente a la Sagrada Familia al comprobar que sus fotos seguían siendo una mierda y su sueldo una miseria. O igual no dijo exactamente eso y soy yo, que empiezo a mezclar los temas.

El caso es que la pregunta que todos nos hacemos es cúal será la posición de la Nova Catalunya (®) ante el tema de los palos de selfies. Hasta que este punto no quede del todo claro, yo no pienso pedir el nuevo pasaporte.

Jul 082015
 

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“No estás gorda, estás hinchada”, asegura Cosmopolitan, esa revista que dice a las mujeres más modernas e independientes lo que tienen que hacer para gustar a los hombres. A los hombres que buscan mujeres que leen Cosmopolitan, se entiende. “Especial selfies”, promete MVL Connection que -alucina vecina- resulta que es un nueva revista juvenil que se cotiza a 1,99 euros, propiedad de Panini y que hace poco lanzó un número dedicado a los Youtubers, “las nuevas estrellas de Internet”. Para hacerse una idea del nivel.

Y qué tienen en común estas dos prestigiosas publicaciones. Aparentemente su público objetivo no tiene nada que ver y seguro que en su interior la publicidad también será muy diferente. Pero mira tú por donde el otro día compartían esquina en un atiborrado kiosco de Barcelona porque las dos regalaban un (puto) palo de selfies.

Y por lo visto no son las únicas que han decidido cambiar las típicas sandalias, pareo, gafas de sol y demás objetos que sirven para animar al personal a invertir sus euros en literatura de la buena por uno de estos trastos capaces de convertir a cualquiera en un güiro chancletero en plena despedida de soltero por las Ramblas de Barcelona. No, no he podido ligar más conceptos casposos en una sola frase.

Por lo menos ahora ya tenemos respuesta para una de las grandes preguntas que la humanidad lleva repitiéndose desde hace años: ¿cómo demonios sobrevive tanto engendro en papel en los kioscos? Ahora ya lo sabemos: gracias a los palos de selfies. Un motivo más para odiarlos profundamente.