Sep 072011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Es parte ineludible de la ceremonia de vuelta al cole repasar lo que ha ocurrido durante eso que antes se llamaba paréntesis estival. Y es que, como ya se habrán dado cuenta, en realidad los malos no descansan jamás, y en verano tampoco nos han dado tregua con sus copagos, sus recortes y sus Constituciones que -ahora sí- se reforman y alicatan hasta el techo en un pispás.

Pero ya me imagino que lo último que queremos escuchar un primer lunes de septiembre son los sórdidos detalles sobre el último sacrificio social realizado ante el altar del Mercado. El problema es que por el sector fotográfico las aguas también andan algo revueltas últimamente. De hecho, quienes hayan estado desconectados cierto tiempo y vuelvan hoy con ganas de ponerse al día puede que sufran una especie de colapso.

Porque, más allá de las decenas de nuevas compactas y el rollo habitual, se han sucedido unos cuantos movimientos que rozan el surrealismo y se asoman al abismo de lo inexplicable. Es como si al guionista de este segmento -que suponemos japonés, claro- se le hubiera ido la mano con el sake. Veamos.

Ya en pleno verano y con las sandalias de playa calzadas, Ricoh compraba Pentax. Un movimiento empresarial más, dirán los abonados al The Wall Street Journal. Puede ser, pero alguien me podría explicar qué lleva a una firma que no parece tener nada clara su propia hoja de ruta fotográfica y que antes de ayer cerrabasus oficinas europeas a comprar ahora una marca como Pentax.

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