Sep 212011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Además de a jugar al mus, aquello de “no permitas que la verdad te estropee una buena historia” es una de las primeras máximas que se aprenden en la facultad de Periodismo. Sí, ya saben, ese sitio al que iba la gente que quería ganarse la vida en este oficio antes de que los periodistas 2.0 se autogenerasen por ósmosis.

Esa bonita frase -que quien más quien menos la ha utilizado alguna vez- resume perfectamente la esencia de lo que no se debe hacer. Pero, visto el panorama, está claro que mucha gente faltó a la clase en la que explicaban esa lección y creyó que había que aplicarla al pie de la letra.

Si tienes la noticia y, mejor aún, la foto para ilustrarla, que coincida o no fielmente con la historia que hay detrás es un detalle menor. En el Caribe se suele decir que el tiempo es muy moldeable y elástico. Por aquí, para muchos periódicos y medios de comunicación ocurre tres cuartos de lo mismo con la verdad.

En todas partes cuecen habas, que suele decirse, pero hay que reconocer que Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, es un auténtico experto en esto de la elasticidad de la historia. Más allá de que nos guste o no el posicionamiento ideológico de su medio, su capacidad para convertirse él en noticia es indiscutible.

Sin ir más lejos, la semana pasada se lió una buena a raíz de una fotografía publicada por este diario. El Mundo ilustró una noticia sobre una manifestación de la izquierda “abertzale” en Bilbao con una imagen en la que, junto a algunos conocidos dirigentes de estas formaciones, se podía leer una pancarta con las letras “eta”.

La gracia -suponiendo que la tenga- es que aquello era sólo un recorte del lema en euskera de la manifestación: “Inposaketarik ez, nazioa gara” (“No a las imposiciones, somos una nación”). El “eta” era parte de una de las palabras de aquella pancarta.

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