Oct 212015
 

McFly_selfie

Hoy 21 de octubre de 2015 es el día al que llegaba el protagonista de “Regreso al futuro” cuando viajaba en el tiempo. Un futuro que resultó ser un presente bastante menos exótico que el que sugerían y en el que ni los patinetes ni los coches vuelan. De hecho algunos van trucados para que parezca que contaminan menos. Los guionistas no tienen un gran futuro laboral como adivinos.

La futurología es también uno de los vicios preferidos de los periodistas. Armados de nuestro teclado, nuestra infinita sabiduría y palabras rebuscadas de muchas sílabas para demostrar que somos los más barrocos del barrio nos dedicamos a hablar sobre lo que está por venir. Esa es la teoría, porque a la hora de la verdad somos incapaces de pronosticar la semana en la que nos van a despedir, así que mucho menos predecir lo que nos deparará el futuro. Sean los resultados electorales, el próximo ligue de Vargas Llosa o la cámara que pasado mañana alguien lanzará al mercado.

Cuando éramos jóvenes y aquí se ataban las longanizas con megapíxeles –o algo así- tenía su gracia eso de sentarse a imaginar cómo serían las cámaras dentro de cinco años. No es mucho, en realidad, pero un lustro sonaba a eternidad en un mercado que iba como un cohete en lo tecnológico y en lo económico. Pero sea por el escepticismo que se acentúa con los años o porque sencillamente ya hemos soportado demasiadas ruedas de prensa de japoneses en las que no dicen nada, cuando nos hablan de las cámaras del futuro no podemos evitar levantar mucho la ceja con cara de no creernos nada.

Y es que a las firmas de sector también les excita bastante eso de hablar del futuro. No con datos o detalles concretos, pero sí lanzando ideas suficientemente generales como para que parezca el no va más. Cámaras conectadas, cámaras inteligentes, realidad virtual, cifras astronómicas de resolución en foto y vídeo… Que haya alguien al otro lado pidiendo eso o no ya es otro tema. Que alguien pueda pagarlo, también.

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