Dec 312015
 

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Empezar el año en Jerusalén es una forma bastante exótica, la verdad. Pese al aviso del simpático policía israelí de la frontera (“solo van locos religiosos”, dijo) 2015 comenzó allí, entre el Muro de las Lamentaciones, la explanada de las mezquitas y el Santo Sepulcro. Planazo para un ateo practicante. Menos mal que las fotos y la comida compensan.

Sí, ha sido un año de esos es los que la frontera entre lo que te gusta y en lo que trabajas se borra del todo. Ahora sería el momento de incluir alguna frase de emprendedor entusiasmado con lo suyo y toda esa mierda, pero tampoco es plan. Vivir de escribir, viajar, las cámaras… todo muy bonito para tuitear, pero poco rentable. Y al banco, la verdad, tu apasionante vida en redes sociales y el Klout ese le importan un huevo.

Jerusalen

Pero sí, 2015 ha sido viajero. Tanto que en enero ya andábamos buceando por El Hierro y probando el Xperia Z3. Porque sí, por si alguien no se había dado cuenta, ahora la mayoría de las fotos se hacen con un móvil, Además los amigos de Minube me hicieron un hueco en sus excursiones por la Costa Brava y Almeria. Qué noche la de aquel bingo, oigan.

Y también anduvimos descubriendo el cerrato Palentino. Huesca y su Somontano que ya es como parte de la familia, Madrid a donde siempre hay que volver, las Bardenas, asignatura fotográfica pendiente por fin puesta al día. Lo que criticamos Instagram y lo bien que nos viene para recordar lo que hemos hecho, ¿verdad?

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Ha sido éste un año muy foodie, que dirían los cursis. No solo hemos probado las mejores cámaras del año y nos los hemos pasado muy bien por el camino, sino que también ha sido el momento de tachar líneas en esa lista de cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida. Comer de una vez angulas (las de verdad), beber una copa de Pingus, y amanecer en el Londres de Donosti frente a la Concha, por ejemplo.

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