May 092016
 

McCurry

Madurar es empezar a poner comillas a esos personajes que antes creíamos intocables. Suena a frase de mierda de algún libro de autoayuda, pero resulta que es bastante cierto. Que si Capa tal vez se tenía demasiado creído su personaje, que si Steve Jobs a lo mejor era un poco capullo, que si a Stalin igual se le fue la mano con aquello de Siberia… En fin, ese tipo de pequeños detalles.

El fotógrafo Steve McCurry ha sido el último en bajarse del pedestal con una doble pirueta con tirabuzón y una sonora hostia de morros contra el suelo. Sí, McCurry, el de la foto de la mujer afgana que todo el mundo conoce. Sí, el de esas fotos de colores imposibles, luz perfecta y que más de una vez nos ha hecho pensar que, maldita sea, esa instantánea tiene que estar preparada porque no es posible encontrarse tantas veces con una escena tan perfecta.

Dios y referente de la fotografía de viajes antes de que esa disciplina cayera en manos de Instagramers y blogueros con demasiados puntos en la Iberia Plus, lo cierto es que algunas pistas ya apuntaban a que McCurry cumplía a la perfección ese viejo dicho de que se puede ser un gran fotógrafo y un tipo no demasiado simpático. O al menos con el que es bastante mejor no tener que trabajar.

¿Y de dónde me saco todo eso? Digamos –por no hacer demasiada sangre con el asunto- que durante su paso por cierto festival de fotografía su comportamientos estaba más cerca del de una estrella de rock que de un respetado fotógrafo profesional. ¿El mismo McCurry que tuvo el privilegio de gastar el último rollo de Kodachrome del mundo? Me temo que sí.

La cosa empeora si descubrimos que no paga a sus ayudantes. Es verdad que entre trabajar gratis para el Huffington Post buscando fotos de gatitos mientras Cebrián se lleva la pasta a Panamá, o ser el esclavo de una leyenda de Magnum nos quedamos con lo segundo. Pero queda feo cuando ganas unos cuantos miles de euros por cada charla y tus fotos se cotizan a millón, la verdad.

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Mar 092016
 

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Desde hace ya tiempo ocurre un fenómeno curioso en el mundo de la moda. Las fotografías llegan a las agencias, portadas y archivos perfectas: pieles lisas y suaves, piernas y cuellos estirados, caderas estilizadas y ni rastro de bolsas bajo los ojos. Lo que viene a ser una fotografía de moda, vaya.

Sin embargo, desde que el fotógrafo aprieta el disparador hasta que la instantánea acaba en algún suplemento dominical o una de esas revistas de tendencias, se obra el milagro: nadie parece saber quién, cuándo o cómo se ha retocado la foto. Pero el caso es que nunca llega con arrugas a su destino final.

¿Un caso digno de Iker Jiménez y su nave del misterio o simple hipocresía de un sector que lleva muchos años haciendo lo mismo con el beneplácito de todos –modelos incluidos- y ahora de repente se siente señalado? Votamos por lo segundo.

No es que sea un tema nuevo, porque lo de Photoshop y la imagen de la mujer en los medios es una relación de amor-odio que se remonta unas cuantas décadas. Algunos países amagan con legislar sobre la materia, y de vez en cuando se pide que sea obligatorio indicarlo cuando una foto está retocada (todas los están, ¡sorpresa!), pero en general ahí están los muslos imposiblemente perfectos luciendo chicha en cada nueva portada.

La actriz Inma Cuesta ya puso el tema sobre la mesa hace unos meses. O mejor dicho, sobre su cuenta de Instagram, donde denunció públicamente que la que aparecía en la portada del suplemento de El Periódico no era ella. O no se reconocía. Cabe suponer que se acababa de graduar la vista y descubrió, tras años en el mundo del cine, que sus fotos se publicaban retocadas. En este caso, al parecer, con más retoque de lo habitual.

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Jan 272016
 

“Tenemos la obligación como seres humanos de acoger a esta gente. Si no lo hacemos, morimos como sociedad y como personas”, apuntaba el fotógrafo Sergi Cámara a propósito de su trabajo sobre los refugiados que cada día llegan a la isla griega de Lesbos.

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© Sergi Cámara

Hay quienes recelan de los fotógrafos dispuestos a cambiar el mundo y tal vez prefieran los retratos millonarios de patatas o los discursos posfotográficos. Pero para los que creemos que la fotografía solo tiene sentido cuando cuenta una historia, proyectos cómo este y el discurso que hay detrás son los que dan sentido a todo este mundillo.

Pero ocurre a veces que estamos tan ocupados con los JPEG, los megapíxeles, el ruido y los rumores sobre la próxima cámara que no podremos comprarnos, que parece que se nos olvida que todos esos carísimos trastos sirven para –oh, sorpresa- hacer fotos.

Igual por eso nos sorprende tanto que un reportero que está a pie de actualidad se vaya con una sencilla compacta a trabajar. Y que tenga el valor de usar uno de esos filtros que llevan todas las cámaras y que los profesionales de verdad –ya saben, los que trabajan siempre en manual, miden la luz a ojo y desayunan café con Kodachrome- jamás utilizarían.

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Dec 142015
 

Carteles-20D

¿Esa es Soraya? Por lo visto lo pensé en voz alta porque el taxista empezó a reírse y confirmó que, en efecto, aquella de los carteles bajando por Alcalá hacia Cibeles era Soraya Saenz de Santamaría. Y sí, más que ella parecía Adelle, la cantante, remató. El descojono duró hasta Atocha donde los carteles de dos tipos de camisa blanca con el primer botón desabrochado y dándose de hostias por el centro -o el extremo centro- político presidían los andenes del AVE.

Las señales no podían ser más claras: urgía un análisis fotográfico de los carteles electorales de cara al próximo 20 de diciembre. Porque, además de hacer el tonto en la televisión para demostrar lo campechanos y simpáticos que son todos, ¿qué tal han llevado esta vez el tema del Photoshop los candidatos a obedecer a Merkel durante los próximos años?

Empezando por el actual presidente y compañero de futbolín de Bertín Osborne, está claro que alguien en el PP no ha querido jugársela y ha optado por un plano de Rajoy suficientemente lejano como para que no dé demasiada cosa. Además así los retoques cantan menos y el viejo truqui de aclarar todo para que el personaje parezca menos ajado resulta más natural. Vamos a lo seguro que bastante tenemos con lo demás, parece haber sido el lema del diseñador.

Todo bien excepto por un pequeño detalle. O no tan pequeño. ¿Soy yo o la cabeza de Mariano en esta imagen es desproporcionadamente gigante? Que igual es un guiño intencionado para dejar claro que es un hombre con mucha sesera, pero entre eso y el “en serio” cuesta mirarlo más de dos segundos sin echarse a reír. O a llorar.

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Nov 232015
 

RAW_retoque

Reuters no quiere imágenes en RAW. Ha sido una de las noticias más comentadas de la pasada semana y más de uno todavía está (estamos) intentando comprender las explicaciones dadas por esta agencia de noticias que ahora pide a sus fotógrafos que dejen de jugar con Lightroom y envíen las imágenes JPEG directas de la cámara.

La parte de la agilidad y tamaño de los archivos está clara. Muchas fotos, muchos RAW y demasiados megas para gestionar sobre todo en noticias de actualidad que tienen que salir ya mismo en las líneas de los clientes de la agencia y en cuestión de minutos en las webs de medio mundo.

Lo que ya no está tan claro es la relación que Reuters hace entre el tipo de archivo y la edición de las imágenes. La historia no es nueva, y casos como el de aquella instantánea ganadora del World Press Photo en 2013 pusieron de manifiesto que los límites a la hora de editar una foto no están nada claro en el ámbito del fotoperiodismo. Vaya, que echarle la culpa al RAW se ha convertido en un clásico en estos últimos años.

Pero salvo que haya algo que no sepamos o se nos escape, cuesta entender por qué un JPEG directo de la cámara es mejor para proteger la integridad de las imágenes y los excesos con el contraste, la saturación o eso de oscurecer las esquinas, que siempre queda muy dramático y bonito. Porque la agencia habla de un “procesamiento mínimo”, con lo cual da por hecho que las fotos seguirán pasando por el ordenador antes de llegar a sus servidores.

Cabe suponer que en una agencia de este nivel hay gente que sabrá mucho de la parte técnica del asunto, pero da la sensación de que a alguien se le ha olvidado que también los JPEG se pueden pasar por el Lightroom de turno y, con más o menos margen y calidad, conseguir resultados parecidos a los de un RAW.

Por no hablar de algo que, por lo visto, suele obviarse cada vez que este debate -un poco cansino, cierto- se pone sobre la mesa: la edición de las imágenes no es invento nuevo de la era digital. Y no hablamos de manipulación con Trotsky desapareciendo de los selfies con Lenin (Stalin no tenía Photoshop y mira) sino del señor Ansel Adams haciendo auténticas proezas en el laboratorio a la hora de conseguir esas copias espectaculares.

O esa archiconocida foto de ahí arriba: James Dean retratado por Dennis Stock. Parece que no hizo falta RAW para conseguir una copia en la que hay un laborioso trabajo de edición. ¿Si es en el cuarto oscuro y haciendo reservas con un cartoncillo vale pero si hay un ratón y una pantalla es trampa?

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Oct 122015
 

Inma Cuesta

La red a la hora de incendiarse -como dicen los BuzzFeed y compañía- ya no respeta ni los puentes. Y es que, aunque parezca mentira, en 2015 los retoques en fotografía editorial y de moda siguen dando mucho juego. Hay que reconocer, eso sí, que esta vez había un ingrediente especial: ha sido la protagonista de la instantánea la que ha puesto el grito en el cielo al “verse y no reconocerse” en la portada de El Dominical de ayer.

La historia ha salido ya en todas partes, pero por si hay algún despistado basta con echar un vistazo a la cuenta de Instagram de la actriz Inma Cuesta. Allí además de publicar el antes y después de la foto de la polémica aparecen sus duros comentarios. Como puede verse, el menú es el habitual, con cuellos que se alargan, caderas que se reducen, brazos que adelgazan, piel que brilla más…

Que Cuesta tiene mucha razón en lo que dice es evidente. De hecho, su reacción ha suscitado miles de aplausos y comentarios que no dudan en destacar su valentía. El tema de la imagen de la mujer en los medios de comunicación, el exceso de retoque en la fotografía de moda y demás es un tema tantas veces tratado que poco más se puede añadir.

Hasta ahí todo bien. Pero la cosa se empieza a animar cuando leemos la versión de la otra parte. El Periódico, editor de este suplemento, lo explica con bastantes detalles en una nota publicada ayer y en la que al menos exculpa al fotógrafo y al estilista de la sesión, que seguramente son los primeros en los que se piensa a la hora de repartir responsabilidades.

Según este relato, aquí -oh sorpresa- la culpa es de la agencia de comunicación que está llevando la promoción de la última película de la actriz y que motivó esta portada. Siempre según esta versión (que resulta bastante creíble para cualquiera que ande medianamente cerca del mundo fotográfico o de la moda) fueron ellos los que ya durante la sesión sugirieron los retoques habituales en brazo (demasiado pelo, más concretamente), posición de la cadera y demás.

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Jul 012015
 

La corrupción no es algo genético ni –aunque lo parezca- parte de las condiciones del carné de ciertos partidos políticos o cargos de responsabilidad. Dicen los expertos en la materia que en la base del arte de mangar pasta pública, creer en el pelotazo como única ideología posible y hacer del chanchullo una forma de vida está la sensación de impunidad.

Si estamos rodeados de recalificaciones, bolsos de Prada y cuentas en Andorra es porque sus responsables se saben –se sabían, esperemos- ajenos a esa cosa tan de pobres como la justicia o la cárcel. Así que basta añadir un poco de “todos son iguales” para crear el perfecto país de mierda en el que los listos trincan y los que no lo hacen es porque son tontos o porque todavía no han tenido oportunidad de meter mano al asunto.

Impunidad. Todo el mundo lo hace. No critiques mucho por si te llega la oportunidad de tener tu pellizquito. Un peligroso cóctel que en realidad también se aplica a muchas otras cosas y que tal vez nos pueda servir para explicar algunos comportamientos que, por más que se repitan, se nos escapan.

Sin ir más lejos, cada vez que salta a los titulares un caso de manipulación fotográfica en fotografía documental o fotoperiodismo muchos nos hacemos la misma pregunta: ¿en qué demonios estaba pensando el fotógrafo o editor de turno? ¿Qué se te pasa por la cabeza o qué tipo de medicación caducada has tenido que consumir para seleccionar el tampón de clonar y decidir que no hay suficiente humo en una foto de guerra o eliminar a esa persona de fondo que estropea la composición perfecta y limpia que soñabas para su instantánea?

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Jun 292015
 

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En un sector de egos tan desarrollados como el fotográfico, no es ningún secreto que la figura de Jean-François Leroy, fundador y director del festival Visa pour l’Image, brilla con luz propia. Adicto a las declaraciones polémicas y últimamente a las críticas sin paliativos al certamen World Press Photo, esta vez el festival de Perpiñán se ha convertido en el centro de la actualidad fotográfica por culpa de la exposición estrella durante la última edición: “Los del norte.”

Dejando a un lado las ganas que (por lo visto) algunos tenían de pillar a Leroy en fuera de juego y pagarle con su misma moneda (él mismo se ha defendido asegurando que no entiende el origen de tanta rabia), lo cierto es que la investigación realizada por los reporteros daneses Helle Maj y Jorn Stjerneklar y publicada en el blog de su agencia Mayday Press ha puesto en jaque la credibilidad de Visa pour l’Image y en estos últimos días ha copado muchos titulares, sobre todo en la prensa gala.

Pero más allá del escándalo en torno a los retoques sufridos por estas imágenes de gran valor histórico y documental (no olvidemos que esto no es fotografía de moda), la búsqueda del autor de la manipulación llevó a estos dos reporteros a dar con otro dato: la exposición presentada por Visa pour l’Image como inédita en realidad parece estar basada en un trabajo realizado hace más de diez años.

Parece o lo está, porque la presunción de inocencia en este caso se diluye al ver una portada de National Geographic en 2002 en la que los reconocidos fotógrafos Doug Niven y Tim Page presentaban el fruto de varios años de trabajo para recopilar las fotografías de la guerra de Vietnam tomadas por el bando comunista.


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Dec 212011
 

Ser testigo de la deliberación de un jurado compuesto por fotógrafos de renombre y -sobre todo- mucho criterio es uno de esos privilegios de los que a veces uno disfruta por el hecho de trabajar en este sector. Porque echarle el guante el primero a la Sony NEX-7 de turno o a la Nikon D800cuando por fin llegue está muy bien, pero esto es un auténtico lujo.

La idea era elegir 16 fotos ganadoras de entre las casi 3.000 presentadas al concurso “10 años con Quesabesde”. La cosa no pintaba fácil: de todas esas imágenes, más de 300 eran de aquellas que casi cualquiera que le guste llevar una cámara encima estaría encantado de firmar algún día.

Ocho fotógrafos de especialidades y trayectorias muy diversas ejercían de jurado y tenían ante sí esa complejísima criba entre las instantáneas buenas, las muy buenas y las mejores. Parecía imposible, pero tras casi cuatro horas aquello iba cogiendo forma y el número de finalistas quedaba reducido a unas pocas decenas. Pasadas las siete de la tarde -llevaban reunidos desde las dos del mediodía- ya estaba la lista con las 16 fotografías ganadoras.

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Oct 072009
 

Elle-01

El otro día preparando una noticia sobre la propuesta gala de obligar a advertir a las revistas sobre los retratos manipulados digitalmente descubrí que la revista Elle lanzó hace unos meses un especial en Francia en el que la modelo de portada aparecía -eso aseguraban- sin maquillar y sin retocar digitalmente.

Un supuesto alegato en el que deberíamos descubrir un entrañable mensaje feminista pero que, la verdad, si han ojeado algun vez esta u otras revistas “para mujeres” da mucha risa.

Precisamente hace poco me topé -en la peluquería, alisándome la melena- con el número de septiembre de esta publicación. Aunque reportajes como “pecando con Eduadro Noriega” o “vuelta al trabajo a todo trench” atrajeron rápidamente mi atención, también descubrí un curioso reportaje en el que tres modelos españolas que habían sido portada hace ya unos cuantos años volvían a posar emulando aquella vieja foto.

Ni siquiera había Photoshop, comentan en el artículo al referirse a la portada de 1987 en la que aparece Judit Mascó. [dato de listillo con Wikipedia a mano: efectivamente la primera versión no se lanzó hasta 1990].

Elle-02

Pese a ello, por lo visto ya en 1987 era posible cambiar el color a los ojos de la modelo de portada para que fuera a juego con el sombretiro y la ropa que lucía. Así que, primera lección, lo de meter mano a la realidad en los retratos para que todo quede más mono no es un invento de ahora ni del Photoshop.

Pero si se fijan bien en esas dos portadas -la primera con 20 años de diferencia y la segunda con unos 10- descubrirán también que la propuesta de Elle de no retocar las fotos por lo visto quedó limitada a una cosa puntual.

Y es que, por muy bien que se cuiden estas señoras y lo tersa que sea su piel resulta fascinante comprobar lo bien que les han tratado los años. ¿O será que precisamente porque entonces no existía el Photoshop y ahora sí ya no hay arruga que se nos resista?

En cualquier caso, ¿de verdad alguien cree que el mundo de la moda y la publicidad y todos los millones que mueven van a aceptar que se decida que lo políticamente correcto es mostrar a un señor o señora de 40 años como si tuviera esa edad y no 18 recién cumplidos? Y no nos olvidemos, por cierto, de los posados de algunas políticas.