Apr 182016
 

Banco-selfie

Cuando algo se pone de moda, se convierte en el argumento perfecto para casi todo. Y si hablamos de selfies, está claro que el nivel de tontería no conoce límites. Oiga, que esta cámara es un churro. Sí, pero se mueve la pantalla y puedes hacerte selfies. Oiga, Bertín Osborne, que mucha patria pero la pasta en Panamá. Calla rojeras, y hazte un selfie conmigo. Tío, machote, crack.

Total, que cuando pensábamos que no podíamos ver más tonterías alrededor de los autorretratos, en la localidad galesa de Porthcawl han conseguido superarse con una doble pirueta con tirabuzón que los convierte en nuestros héroes particulares de esta semana.

La historia es de esas de El Mundo Today. Pese a que presumen de tener una preciosa costa y el paseo que discurre junto a ella es uno de los orgullos de la ciudad, algún genio decidió que los nuevos bancos instalados en la zona era mejor colocarlos orientados de espaldas al mar. Total, quién quiere ver un atardecer sobre el horizonte pudiendo contemplar la carretera, los edificios y los transeúntes sacando fotos.

Cuando comenzaron las críticas, a alguien en el departamento de turismo de la región (Bridgend Tourism Association) se le ocurrió una idea brillante: no era un error, sino que esos eran los primeros bancos del mundo diseñados para sacarse selfies. Vaya, que tú no ves la costa, pero sí sale cuando despliegas tu palito de selfies y disparas la foto. ¿Es o no genial?

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Nov 182015
 

Nutscapes

Ahora que criticar los selfies es casi más cansino que los propios autorretratos y que ya no nos asusta ni aquello del palo para fotografiarse el culo –no es broma- o que el dichoso invento haya causado más muertos que los ataques por tiburón. Ahora que ya nos habíamos acostumbrado a ver a la gente poniendo morritos delante del monumento de turno para dejar constancia de que han estado ahí y hasta nos creemos inmunes a cualquier gilipollez relacionada con el noble arte de sacarse una foto a uno mismo. Ahora es cuando voy y traigo malas noticas: nutscaping.

Puede que a alguien le suene ese nombre, que se haya cruzado con esta penúltima moda fotográfica en la revista de tendencias de turno o quizás se lo hayan comentado en el club de instagramers del barrio.

Incluso tal vez os ha llegado alguna muestra de este nuevo arte a ese grupo de WhatsApp del que siempre estáis tentados de salir –no mandan más que chorradas- pero os da cosa por aquello de quedar mal. En cualquier caso, para los que anden despistados aún a estas alturas, una búsqueda de imágenes en Internet les desvelará el gran misterio.

Nutscaping. ¿Una nueva comunidad de fotógrafos de paisaje centrada en los eclipses? Algo así, salvo por un pequeño detalle: eso que cuelga en primer plano no es ningún satélite sino lo que viene a ser un par de testículos peludos enfrentándose a la ley de la gravedad.

Tras el impacto inicial, la primera pregunta es de cajón (que no lo otro): ¿qué hay que tomarse para que ante un paisaje aparentemente espectacular decidas compartir con el mundo no la típica postal sino, como en el chiste aquel del abogado (¿qué abogado?), lo que tienes ahí colgado?

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Mar 042015
 

“Las dos llamas corriendo por la calle y lo del vestido ese de colores raros. Lo mezclas y preparas un artículo para dentro de 10 minutos. Y que ponga ‘A fondo’ en el titular”, bramaban posiblemente el pasado viernes editores y emprendedores a su ejército de blogueros becarios. Había nuevo viral en el barrio y todos querían apuntarse.

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¿De qué color ves el puñetero vestido? (Foto de de “swiked” enTumblr)

“Ya estáis pensando en un móvil que haga que las fotos de los vestidos salgan con colores irreales”, seguro que andaban gritando en las oficinas de Samsung a esa misma hora. “Si lo petamos con el selfie de los Oscar el año pasado, ahora tenemos que liderar el movimiento dressfie”, les acababa de sugerir un vendehúmos experto en redes sociales y con contrato a tiempo parcial. “¡Posfotografía! ¡Posfotografía!”, repetía Fontcuberta mientras sus caracoles se iban zampando las fotos de la próxima exposición.

Reconozco que, al ver la famosa foto del vestido por primera vez, entendí qué era eso de la posfotografía: carecer del criterio suficiente para, en lugar de borrar una foto terrible, compartirla con la humanidad.

Por si alguien anda despistado, vive en otro planeta o simplemente tiene una vida lo suficientemente interesante como para no estar pendiente de estas tonterías, resulta que la semana pasada una chica sacó una foto -bastante chusca, por cierto- con su móvil a un vestido, y en su entorno más cercano se generó un debate sobre el color real de la prenda.

Algunos de sus amigos lo veían blanco y dorado. Otros, azul y negro. Así que la autora decidió subirla a su Tumblr, y en lugar de ocurrir lo lógico –ignorarlo, bostezar, mandar a la preguntona a paseo-, se acabó generando uno de los debates más largos, virales y absurdos de la historia de Internet.

En cuestión de horas, medio mundo andaba discutiendo sobre el dichoso vestido y buscando explicaciones a ese curioso efecto cromático. Y los que no lo hacían estaban ocupados pensando insultos y chistes ingeniosos para informar al planeta sobre su desprecio por el tema.

Así que mientras los expertos en fenómenos virales analizaban la última bobada de la red y los medios –todos, no solo los que viven a golpe de gatitos y virales- hacían malabarismos para apuntarse al tema de cualquier forma, miles de fotógrafos ponían su mejor media sonrisa y asentían con la cabeza mientras repetían: “Es el balance de blanco, idiotas.”

Se rumorea que incluso los expertos en gestión de color –gente de cuyas explicaciones normalmente es mejor huir- tuvieron su momento de gloria gracias al ya famoso vestido y pudieron explayarse sobre calibraciones, espacios de color y todas esas cosas tan aburridas.

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Jan 212015
 

SelfieBarcelona

Imaginemos que hace 50 años le piden a alguien que trate de adivinar cuál será el regalo de moda en las Navidades de 2014. ¿Un coche que vuela? ¿Máquinas que nos teletransportan? ¿Cruceros a la Luna? Pues no, McFly. En pleno siglo XXI el trasto que arrasa es –atención- un puto palo. O como recomiendan decir los académicos de la RAE (que parece que leen nuestras inocentadas): un palo para selfis.

Un simple palo que, eso sí, ha sabido diversificar su oferta en poco tiempo para estar ya disponible en todos los colores (cuanto más chillón y hortera, mejor), en versiones plegables realmente pequeñas y con su propia gama de precios y todo: desde el más sencillo que solo sujeta y aleja el móvil de turno por muy pocos euros, hasta los más sofisticados con disparador remoto por Bluetooth.

Pero, sin duda, la mejor versión ideada hasta ahora es el palo para belfies. ¿Qué es eso tan moderno de un belfie que todavía no hay siquiera una versión españolizada del concepto? Pues un autorretrato en versión trasera. Una foto del culo, vaya. Los entrepreneurs, tan atentos siempre a las últimas tendencias.

Más allá de lo absurdo que resulte ver al personal con uno de estos trastos ante cualquier monumento, paisaje o cosa fotografiable que se precie, tengo la sensación de que lo que realmente nos molesta del tema es que no lo vimos venir. Nadie lo vio venir.

Tanto analista, gurú, maestro y futurólogo venido a más, y resulta que ninguno fue capaz de prever la penúltima tontería que nos venía encima. Igual es que andábamos tan ocupados llorando la marcha de Google News –no hay forma de enterarse de nada desde entonces, oigan- que pasamos por alto el hype del momento.

Y algunos, la verdad, no tenemos excusas. Todo el día alrededor de la Sagrada Familia haciendo fotos y gruñendo a los guiris para que se aparten, y no nos fijamos en los artilugios que desde hace ya mucho tiempo empuñan los turistas japoneses. Imperdonable. Con lo que hubiera lucido colarlo en algún artículo de tendencias: en 2015 se llevará el vermut, los drones y los palos.

O puede que sí lo vimos venir, pero miramos para otro lado. En plan versión fotográfica de aquello tan manido de la “superioridad moral de la izquierda”. ¡Los que usan eso son público potencial de ‘Adán y Eva’!”, gritamos desde nuestro púlpito fotográfico mientras releemos los ensayos de Sontag y debatimos sobre la conveniencia de que se publiquen o no cierto tipo de imágenes.

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Mar 132014
 

Untitled

Seguimos para bingo en nuestra particular colección de selfies besucones tras este y este otro. En cualquier caso, nótese la profundidad de la escena retratada con una Panasonic Lumix TZ60, pequeña pero con un zoom de 30x que para estas cosas en va muy bien. La chica que mira al fotógrafo. La otra chica que mira a la pareja. La pareja que no mira a nadie mientras se fotografía… Puro arte metafotográfico.

Mar 032014
 

selfiecity_chart-selfie-proportions

Cuando nos da la tontería con algo, nos ponemos insoportables. El año pasado todo era street photo. Bajar a basura con el móvil en la mano y disparar una foto: street photo. La fotografía callejera de toda la vida: street photo. Y así.

Ahora la palabra de moda es selfie, que es como se dice en plan de guays autorretrato. Pero no uno cualquiera: esos autorretratos que nos hacemos con el móvil y que subimos a las redes sociales. Sí, todos lo hemos hecho alguna vez -los más idiotas incluso con las Google Glass puestas- y por lo visto se ha convertido en categoría y tema de análisis.

En selfiecity se han tomado muy en serio el asunto y -según contaban hace unos días en Yorokobu– han realizado un estudio a partir de más de 3.000 autorretratos publicados en Instagram y recopilados en 5 ciudades del mundo. Aunque es verdad que los selfies que se hacen en Bangkok, Nueva York, Berlín, Moscú y Sao Paulo tampoco permiten sacar conclusiones globales, pero sí hay algunos datos muy curiosos -presentados en gráficos muy vistosos, además- y artículos a los que merece la pena dedicar un buen rato.

Llama la atención, por ejemplo, que se hagan muchos menos selfies de los que cabría pensar teniendo en cuenta todo lo que hablamos de ellos. Y es que según este estudio sólo 1 de cada 25 fotos es un autorretrato de estos. Es decir, menos del 5%.

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Jan 212014
 

Se suele decir –con bastante mala leche- que cada país tiene el gobierno que se merece. Dejando a un lado cuánto de verdad hay en esto, una de las críticas recurrentes a lo que algunos llaman la clase política es la alegría con que sus miembros se reparten codazos con tal de salir en la foto. Si seguimos el hilo de la ecuación, las matemáticas nos confirmarán lo que nos temíamos: si a quienes votamos les gusta salir en la foto, tal vez sea porque a nosotros también nos tira un poco eso de chupar cámara.

O no, da igual. El caso es que el año pasado selfie fue la palabra de moda, así que los fabricantes han reaccionado rápido –cuando quieren son muy espabilados- ofreciendo una nueva solución para que podamos salir siempre en el encuadre: incluir una segunda cámara.

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Aquí ya se han dedicado a pensar en las cantidad de opciones creativas de Canon N100 para los adictos a los puñeteros selfies

De esta forma, el que aprieta el disparador también puede colarse en la foto. Algo que ya ofrecían algunos móviles y que ahora llega al mercado fotográfico con la Canon PowerShot N100 y al de vídeo con la Panasonic HC-W850.

Como suele decirse, ya tenemos la solución, así que ahora habrá que buscar el problema. Porque ante la más que posible avalancha de compactas que integrarán esta fascinante novedad, tal vez sea el momento de que nos sentemos un rato a charlar sobre el tema.

Que levante la mano el que alguna vez ha sentido la imperiosa necesidad de salir él también en la foto y no haya tenido suficiente con algunos de los aburridos remedios existentes hasta ahora: trípode, disparador remoto, pantalla articulada, un buen angular y disparar una ráfaga a ver qué sale, dejar la cámara apoyada en algún sitio y poner el autodisparador…

Sí, no es lo mismo. Ahora la idea es incluir en la foto un recuadro con la imagen del que dispara. Una especie de firma que igual podría convertirse en la nueva marca de agua para aquellos que siempre la estampan a metro por metro en el centro de la foto y en colores bien chillones. O para los que incluyen la firma rotulada abajo en Comic Sans. Visto así, igual tampoco sería tan malo el remedio.

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Dec 182013
 
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© Roberto Schmidt/AFP/Getty Images.

Querido Barack. Me cuentan que has tenido algunos problemas últimamente con las fotos del móvil. Me cuesta creer que el líder de la mayor potencia del mundo y un auténtico Nobel de la Paz pueda resbalar con algo tan naíf como un autorretrato con el smartphone de turno, pero las portadas de unos cuantos periódicos opinan lo contrario. Hasta Boris Izaguirre le ha dedicadoun artículo al tema, para que te hagas una idea de la magnitud del problema.

¿Autorretrato? Sí, así es como llamamos los latinos –yatúsabes– a esos selfies que el diccionario Oxford ha elegido como palabra del año. O llamábamos. Porque ahora entreshootingsstreet photorunningafterworking y demás gilipolleces, lo de selfie es casi un mal menor.

El caso es que este onanismo fotográfico con el móvil también tiene sus pequeños trucos. Y como seguramente esos bastardos del Tea Party andarán buscándote las cosquillas, nos hemos animado a echarte una mano para que no vuelvas a liarla. Por los viejos tiempos. Cuando nos creímos que ibas a cerrar Guantánamo y que querías los drones para repartir regalos, como Amazon.

La primera lección va sobre la posición de la toma, pero por lo que veo eso lo tienes dominado. Mejor siempre un ángulo elevado para afinar un poco los rasgos y quedar más divinos. Es el típico truco que mozos y mozas usan en Facebook para lucir palmito. Opcionalmente también se puede poner morritos, pero entiendo que en tu posición y con los antecedentes de Bill –menudo pájaro-, igual mejor no pasarse con el tema sexy.

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