Jul 302014
 

Camara-frontalHa llegado el momento de admitirlo de una vez: los smartphones han matado a las compactas. Sí, como la canción aquella de la radio y la video star, pero más de nuestro tiempo. Después de años -décadas- rumiando esa posibilidad, finalmente los dichosos telefonillos han ganado la batalla y cada vez son menos los que se molestan en sacar a pasear una cámara teniendo en el bolsillo un móvil que hace fotos suficientemente decentes para lo que necesitan: dejarlas allí olvidadas o dar la lata con ellas en la redes sociales.

Pero mientras las compañías de fotografía reculan y piensan cómo hacer frente a este gran cambio y a las pérdidas que supone que ya nadie quiere una de esas compactas de 100 euros que antes presentaban por docenas cada mes y se vendían como churros, la cosa no queda ahí. Es lo que pasa cuando el mercado tecnológico mete sus pezuñas en el tranquilo mundo de la fotografía: tras la primera víctima ahora la pregunta es cuál será la siguiente.

Y tal vez la tengamos ahí delante. Nunca mejor dicho. El otro día la noticia pasó bastante desapercibida, pero dentro de la última inversión multimillonaria de Sony para aumentar su producción de sensores digitales para teléfonos se citaba expresamente la demanda de cámaras frontales de mayor calidad.

¿Cámaras frontales de calidad? ¿Pero alguien la usa? Pues sí, amigos. Con la moda de los selfies-antes-conocidos-como-autorretratos amenazando con quedarse para siempre con nosotros, cada vez son más los móviles que le dedican cierta atención a esta segunda cámara. Más resolución, sensores más grandes con una óptica más decente…

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