Apr 192013
 

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Barcelona impresiona, reza el lema de graphispag.digital, la feria con la que vuelve a compartir cartel y recinto Sonimagfoto&Multimedia. Una unión que, más que por cariño o apego temático, viene forzada por la realidad de dos sectores -fotografía e impresión- que no pasan pos sus mejores momentos.

Mejor ir juntos que no ir, habrán pensado los organizadores de los dos salones. Y razón no les falta, porque cuesta imaginar que por separado cualquiera de ellos pudiera aguantar el tipo. La simbiosis, al menos, ayuda a mantener las formas.

Y a alargar el título, que eso siempre luce mucho. Porque nosotros, como cada dos años, íbamos a Sonimagfoto y resulta que hemos acabado en Image&Print World, resultado de este baile conjunto de Sonimagfoto&Multimedia y graphispag.digital. Si fuéramos de chiste fácil podríamos decir que se tarda más en pronunciar la denominación completa de la cita que en recorrerla.

Pero no lo somos. O no en este caso. Porque el evidente declive de Sonimagfoto durante los últimos años no hace gracia. Tal vez sea porque con los años nos hemos vuelto unos nostálgicos. Y aunque no podamos remontarnos muchas décadas, sí podemos viajar atrás en el tiempo lo suficiente como para recordar unos cuantos pabellones de la Fira de Barcelona en Montjuïc repletos de fotografía y público.

Ahora todo es mucho más modesto. La lista de expositores, el despliegue de medios y la cantidad de público asistente, al menos durante la primera jornada de ayer. Sólo las televisiones pululando por allí en busca de algo con lo que llenar el informativo -porque como todo el mundo sabe no hay noticias suficientes- y las autoridades dando el paseíllo de inauguración parecen querer jugar al todo sigue igual.

O casi. Porque donde antes había una infanta -que andará liada con sus cosas- ahora tenemos a Felip Puig, “conseller” de Industria de la Generalitat y ex de Interior. Inaugurando una feria de imagen y fotografía. También da para chiste fácil. Tampoco tiene gracia.

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Apr 162013
 

¿Se sabe ya quién va a Sonimagfoto? Ésa ha sido una de las preguntas más repetidas en el sector durante las últimas semanas. Como si la lista de asistentes fuera tan secreta como esa del banco HSBC con españoles de pro que cotizan como suizo de pro. Como si en realidad muchos desconfiaran de los siempre entusiastas comunicados oficiales.

Sonimagfoto

Sí, amigos: esta semana toca -como cada dos años- Sonimagfoto. Una cita que sigue presumiendo de ser la de referencia del sector fotográfico del país. Algo que, sin dejar de ser cierto, no está del todo claro si es motivo de orgullo a estas alturas y visto el panorama.

Pero no se trata ahora de hacer risas de una feria que desde hace tiempo intenta sobrellevar lo mejor que puede -como tantas otras- la crisis general que afecta a las citas clásicas y la particular que lleva años poniendo al sector fotográfico en jaque. Es tentador, pero hacer leña del árbol que se tambalea es tan fácil como mezquino. Casi tanto como hacer la ola y dar palmaditas en la espalda si te ponen un “banner”. Pan para hoy, hambre para mañana. Una de las especialidades de la dieta mediterránea.

Así que, en lugar de hacer grises previsiones o chistes sobre infantas imputadas que posiblemente este año no estarán en la inauguración (la de codazos que había por sacarse una foto con ella e Iñaki Urdangarin hace pocos años, oye), nos pasaremos por allí para ver cómo esté el ambiente. Las expectativas no son muy altas, pero esperemos llevarnos una sorpresa y que, al menos, quienes han decidido exponer y acudir de visita aprovechen la cita.

Con Fotoventas desaparecida del mapa, Sonimagfoto es la última feria institucional que queda en el panorama fotográfico. Así que desear que vaya bien no es sólo una cuestión de corporativismo -hay buenos amigos entre los expositores- sino también de cariño.

Pero sería absurdo y contraproducente obviar que después de tantos años prometiendo reinventarse, la melodía empieza a sonar como la de la orquesta del Titanic. Mientras todo el que podía cogía el bote para salvarse, los músicos seguían empecinados en seguir tocando en cubierta. En ocasiones incluso sin prestar demasiada atención a si había alguien escuchando o los pasajeros ya se habían largado.

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