Mar 312011
 

 

¿Qué hacer un domingo por la mañana cuando toca ir a ver el partido del sobrino -para una vez que estás, tampoco es plan de escaquearse- y el fútbol no es precisamente tu pasión?

De entrada, llegar hacia el final de la primera parte, justo a tiempo para el café y el pintxo de tortilla del descanso. Los 45 minutos restantes se pueden repartir entre calentar a los padres del equipo contrario -divertido pero peligroso, porque se ve que se toman muy en serio el partido-, pedir continuamente penalti y/o fuera de juego, y por supuesto probar la cámara de turno.

En este caso una Sony A580 con un 70-200 mm f2.8 G, perfecto para dar el cante desde la grada y pillar alguna instantánea que sacada de contexto (creo que no fue ni falta) podría engordar un reportaje de Piqueras sobre la “espeluznante” violencia en el fútbol juvenil o alguna chorrada similar.