Apr 252016
 

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Fieles a su cita anual en Londres, los Sony World Photography Awards repartieron el pasado jueves los galardones del que se autoproclama como el concurso fotográfico más importante del mundo y que en esta edición ha batido récords de participación con más de 230.000 fotos enviadas desde 186 países.

Entre todas las propuestas presentadas, la del fotógrafo iraní Asghar Khamseh se ha alzado con el L’Iris d’Or, el premio que selecciona el mejor trabajo del certamen, dotado con 25.000 dólares. Un trabajo formado por impactantes retratos de mujeres -y algún hombre- en Irán que han sido atacadas con ácido y que tienen que sobrevivir con las inevitables secuelas físicas y psicológicas.

La larga enumeración de ganadores se saldó sin que ningún fotógrafo español se impusiera en ninguno de los 14 premios en los que este certamen clasifica a los participantes profesionales, con siete categorías artísticas y otras tantas documentales.

No obstante, Rubén Salgado, que en la pasada edición se hizo con el primer premio en el apartado de retrato, vuelve a figurar en la lista de este año con un tercer puesto en esa misma categoría por sus fotografías sobre hombres balineses que posan con sus gallos de pelea.

Pero volviendo a la lista de premiados, una vez más los refugiados que huyen de la guerra en Siria e intentan llegar a Europa estuvo muy presente en los temas de actualidad. Con menos carga dramática que otras imágenes sobre este mismo tema pero igualmente duras y removedores de conciencias –de eso se trata además de contar algo, al fin y al cabo-, las instantáneas del griego Angelos Tzortzinis le han valido un primer premio y uno de los aplausos más sonoros de la velada.

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Como ocurre siempre en un concurso que abarca todas las ramas de la fotografía, los temas más duros abordados por el fotoperiodismo se entremezclan con categorías más artísticas y conceptuales.

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Apr 302015
 

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La tendencia de los fotógrafos a -por decirlo de forma suave- tener demasiada pasión por lo suyo es algo bastante conocido. Son –somos- una raza con cierta inclinación a resultar cansinos. Aquí he venido a hablar de mi libro y todas esas cosas. Que si mi cámara, mis fotos, la hora azul, el mensaje. Que si has visto qué composición, que si mira cuántos likes tengo, que si mejor usar ópticas fijas, que si fulanito no tiene ni puta idea, que si no te pierdas tal expo que es lo más.

Son –somos- tan brasas con lo nuestro que cuesta entender que todavía haya alguien dispuesto a aguantarnos en lugar de mandarnos a pasear con la cámara. Bien lejos. Y no hace falta que volvamos pronto.

La versión profesional de esa actitud que al parecer viene de serie con la cámara y en ración doble si no tiene espejo –pesaditos que son estos también con su rollo, oiga- son los fotógrafos intensos. Esos que se ponen muy serios y trascendentales cuando hablan de su foto y su trabajo. En ocasiones esas que dispararon hace muchos años y de cuyos réditos y charlas llevan viviendo desde entonces.

Así que ha llegado el momento de clamar contra los fotógrafos cansinos con el consiguiente peligro de autocrítica que ello conlleva. La urgente necesidad de esta proclama llegó hace unos días, justo antes del postre en la gala de entrega de premios de los Sony World Photography Awards.

Elliott Erwitt tenía que estar por allí, pero no pudo ser. A cambio, mandó un vídeo en el que, pese a sus años, dejó claro que mantiene intacta la retranca. Intento no tomarme demasiado en serio ni a mis fotos, dijo como si fuera lo más normal del mundo mientras se iban sucediendo algunas de sus instantáneas más conocidas.

Esas tan divertidas con perros, la bonita del espejo retrovisor que todos hemos visto alguna vez, pero también algunas con Robert Frank como protagonista, con Jackie Kennedy llorando a su recién asesinado marido, con un soldado negro sacando la lengua en Vietnam o con Nixon señalando a Khrushchev con cara de pocos amigos. Poca broma con Erwitt.

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May 062014
 
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Mary Ellen Mark frente a su particular pelotón de fusilamiento.

Pero, ¿los Sony World Photography Awards no se habían anunciado ya hace semanas? Seguro que más de uno estaba convencido de ello. Un despiste más que justificado teniendo en cuenta el goteo de noticias sobre finalistas y ganadores -por países o categoría- que la organización había ido dosificando durante el último mes. Pero no, en realidad fue el jueves pasado cuando se desveló la lista oficial de premiados en Londres. Así que hasta allá nos fuimos con nuestra mejor pajarita y todo, of course.

Una ceremonia con centenares de invitados, prensa de todo el mundo, muchas copas y cubiertos sobre la mesa. En definitiva, todo lo bueno y lo malo de una entrega de premios. Detalles al margen –ese tinto hay que mejorarlo-, de lo que se trataba era de festejar la fotografía.

El año pasado ya usamos el mismo discurso, pero desgraciadamente sigue siendo válido: si algo hace falta entre tanta mala noticia para la industria y la profesión es un poco de alegría. Así que un par de brindis por ello nunca vienen mal.

Con 14 categorías, estos premios anuales suponen un buen recorrido por lo mejor que se ha hecho en los últimos doce meses en casi todas las áreas. Lo mejor con todas las comillas que siempre hay que ponerle a cualquier premio, porque seguro que ahí fuera hay un montón de trabajos excelentes que se quedan sin ningún reconocimiento. Malos tiempos para el sector, buenos para la fotografía. Otro tópico al que es fácil recurrir.

La norteamericana Sara Naomi Lewkowicz fue -por usar el lenguaje habitual de los premios- la triunfadora de la noche al hacerse con el premio en la categoría de actualidad y el máximo reconocimiento: el denominado L’Iris d’Or. Una decisión más que aplaudida y a la que cabe poner pocos reparos. Su reportaje sobre la violencia doméstica en Estados Unidos ya obtuvo un World Press Photo en la última convocatoria, y sin duda tiene todavía mucho recorrido por delante. Imágenes entre lo duro y lo cotidiano que retratan este drama desde dentro.

La realidad. De eso se trata, comentaba por la mañana Mary Ellen Mark, invitada de honor de la ceremonia durante la rueda de prensa. Aunque su nombre igual pilla a alguno despistado, sus fotos son fáciles de reconocer. Figuran en cualquier recorrido fotográfico por el siglo XX y su nombre –menos mediático tal vez que otros- aparece siempre al hablar de grandes retratistas.

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May 012013
 
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© Jens Juul

Quince categorías y más de cuarenta fotografías premiadas. Hay que reconocer que en su empeño por abarcar todos los ángulos de la fotografía los Sony World Photography Awards -en cuya gala de entrega de premios estuvimos la semana pasada- llegan a pecar de exceso de galardones.

No es fácil, suponemos, elegir sólo unas pocas fotos entre las decenas de miles presentadas a concurso. Tampoco es sencillo -ni justo- escoger sólo una decena de ellas entre todas las premiadas. Algunas son flamantes vencedoras. Otras inexplicables segundos puestos, por detrás de trabajos bastante menos logrados.

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© Peter Muller

En cualquier caso y puestos a elegir -aunque nadie nos lo haya pedido- estas serían nuestras 10 fotos de esta edición de los premios. Desde el gran reportaje de Andrea Gjestvang sobre las víctimas del atentado de la isla de Utoya, hasta las icónicas fotos de Corea del Norte de Ilya Pitalev o los cines de Afganistán retratados por Danish Siddiqui.

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