May 302016
 

McCurry

Pocos días después de que salieran a la luz nuevas fotos que dejan al descubierto los excesos del fotógrafo Steve McCurry a la hora de editar algunas de sus imágenes, un nuevo escándalo amenaza la prestigiosa trayectoria del fotógrafo.

Y es que, según ha podido saber en exclusiva mundial este blog, ni siquiera su foto más conocida se queda al margen de la polémica. Conocida como “la chica afgana”, nuevos detalles sobre la toma de aquella mítica instantánea cuestionan la versión oficial y permiten intuir cierto nivel de retoque en la toma.

Así, en la imagen remitida a este medio por una fuente anónima que sólo ha querido identificarse como “el becario despedido” pueden apreciarse sutiles cambios entre el supuesto original y la famosa copia que McCurry llevo a la portada de National Geographic en 1985.

“Hay que fijarse en el tono de la piel y el color de los ojos”, recomienda el remitente de la imagen para detectar los cambios. Aunque no se menciona nada al respecto, si se observa con detenimiento también se adivinan algunos retoques en el fondo de la escena.

A la espera de que McCurry de alguna explicación sobre esta nueva polémica –o despida a algún otro trabajador, si le queda alguno- y mientras miles de personas pasan el rato rebuscando en el archivo del fotógrafo para pillarle en otro fuera de juego, este puede ser un estupendo momento para repasar la historia de este famoso retrato. Posiblemente uno de los más conocidos de la historia.

Una foto hecha, por cierto, con una Nikon FM2, un 105 mm f2.5 y diapositiva Kodachrome 64. Todo era mucho más sencillo en aquella época, ¿verdad Steve?

May 092016
 

McCurry

Madurar es empezar a poner comillas a esos personajes que antes creíamos intocables. Suena a frase de mierda de algún libro de autoayuda, pero resulta que es bastante cierto. Que si Capa tal vez se tenía demasiado creído su personaje, que si Steve Jobs a lo mejor era un poco capullo, que si a Stalin igual se le fue la mano con aquello de Siberia… En fin, ese tipo de pequeños detalles.

El fotógrafo Steve McCurry ha sido el último en bajarse del pedestal con una doble pirueta con tirabuzón y una sonora hostia de morros contra el suelo. Sí, McCurry, el de la foto de la mujer afgana que todo el mundo conoce. Sí, el de esas fotos de colores imposibles, luz perfecta y que más de una vez nos ha hecho pensar que, maldita sea, esa instantánea tiene que estar preparada porque no es posible encontrarse tantas veces con una escena tan perfecta.

Dios y referente de la fotografía de viajes antes de que esa disciplina cayera en manos de Instagramers y blogueros con demasiados puntos en la Iberia Plus, lo cierto es que algunas pistas ya apuntaban a que McCurry cumplía a la perfección ese viejo dicho de que se puede ser un gran fotógrafo y un tipo no demasiado simpático. O al menos con el que es bastante mejor no tener que trabajar.

¿Y de dónde me saco todo eso? Digamos –por no hacer demasiada sangre con el asunto- que durante su paso por cierto festival de fotografía su comportamientos estaba más cerca del de una estrella de rock que de un respetado fotógrafo profesional. ¿El mismo McCurry que tuvo el privilegio de gastar el último rollo de Kodachrome del mundo? Me temo que sí.

La cosa empeora si descubrimos que no paga a sus ayudantes. Es verdad que entre trabajar gratis para el Huffington Post buscando fotos de gatitos mientras Cebrián se lleva la pasta a Panamá, o ser el esclavo de una leyenda de Magnum nos quedamos con lo segundo. Pero queda feo cuando ganas unos cuantos miles de euros por cada charla y tus fotos se cotizan a millón, la verdad.

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Jan 032011
 

Si entre sus propósitos para este 2011 figuraba revelar de una puñetera vez ese rollo de Kodachrome que lleva años olvidado en la nevera, tarde. El único laboratorio que aún trabajaba con esta mítica emulsión positiva procesó el último carrete el pasado 30 de diciembre. Se acabó.

Puede, eso sí, encargar la elegante camiseta conmemorativa que en Dwayne´s Photo -el susodicho laboratorio- han lanzado para la ocasión. En Kansas son así de sentidos para estas cosas. Si se dan una vuelta por Ebay también hay un montón de diapositivas, publicidad de hace unas cuantas décadas y demás artículos para nostálgicos y coleccionistas. Y el disco de Paul Simon con la canción Kodachrome, claro.

Pero, a que viene tanto revuelo y tanto sentimentalismo con esta muerte anunciada, si la mayoría de nosotros no hemos usado un rollo de Kodachrome en nuestra vida, se preguntaba un amigo.

Algo de razón no le falta. Pero, ya que estamos hablando de decesos, que no estuviéramos enganchados a CNN+ tampoco significa que nos tenga que dar igual que la gentuza de Tele 5 decida sustituir a Gabilondo por Mercedes Mila. Pues lo mismo.

Desde que en junio de 2009 Kodak anunciara el fin de la producción de Kodachrome hasta hoy se ha escrito tanto sobre el tema que resulta imposible no repetir lo ya dicho unas cuantas decenas de veces. Así que lo mejor será recopilar algunas de las cosas más interesantes que se han comentado a lo largo de estos meses y, sobre todo, en esta última semana.

Explicaban en su momento los de Rochester el impepinable argumento que justificaba esta medida: la gente ya no compra Kodachrome y apenas representan un 1% del total de las ventas de película. ¿Indiscutible?  “Eliminen todas las gasolineras poco a poco y dejen una sola en Lausana (Suiza) y ya verán cuánto dura la demanda de coches de gasolina y gasoil”, replica Valentín Sama en un duro artículo sobre esta cuestión.

Se ha hablado mucho también sobre las fotografías tomadas por el fotógrafo Steve McCurry como homenaje al último rollo de Kodachrome. La cadena CBS emitió hace días una interesante pieza sobre el último carrete y la historia de esta película.

¿Con qué camara ha realizado Steve estas instantáneas? Según comentaban en un reportaje sobre el tema publicado en febrero por Associated Press, la elegida fue una Nikon F6. Seguro que algunos esperaban algo un poco más clásico.

De todos modos, más interesante que la cámara utilizada son algunas de las reflexiones realizadas por el fotógrafo comentando este singular encargo. Especialmente parodójico y significativo es que McCurry explique cómo, dada la importancia de cada una de esas 36 tomas, antes de cada una de ellas realizaba pruebas de encuadre y exposición con una cámara digital.

Pero más inquietante resulta aún la pregunta que deja en el aire al hablar de su archivo con más de 800.000 diapositivas tomadas con Kodachrome. Imaginénse -nos sugiere McCurry- guardar todos esos archivos en un disco duro y volver dentro de 40 años. ¿Seríamos capaces de leerlos y rescatarlos?