Aug 032016
 

Camara-verano

A estas alturas del calendario es posible que se te hayan colado en casa unos cuantos instagramers, youtubers y embajadores para explicarte cómo hacer mejores fotos este verano. Así que para no caer en la tentación de dar la lata con más de lo mismo, se nos ha ocurrido una terapia en tres fases: primero, releer este imprescindible artículo de Harry Fisch sobre fotografía de viajes (puestos a dar consejos, al menos que sean de alguien que sepa); después, elegir un buen equipo para el verano, y por último, no tomarte demasiado en serio a ti y a tu cámara. Un punto que normalmente olvidamos y que, combinado con estos calores, nos acaba convirtiendo en “el pesado de la cámara” un verano más. Si quieres evitarlo y que la gente normal no acabe huyendo de ti, solo tienes que seguir paso a paso este manual.

1. No seas pesado. Posiblemente es la clave. Que sí, que eres fotógrafo o quieres serlo y las fotos son lo más importante para ti, pero del mismo modo que se puede ser vegano sin tener que comentarlo a los 10 segundos de haber conocido a alguien, seguro que eres capaz de hablar de otras cosas que no sean tu cámara, los idiotas que usan modelos de la competencia o lo que le harías a Steve McCurry por mentiroso.

2. Nuestros debates no interesan a la gente normal. Directamente relacionado con el punto anterior, es importante darse cuenta de que el mundo real no es ni ese foro de fotografía en el que escribes ni Twitter. Porque por mucho que a ti y a mí el debate entre las réflex y las sin espejo nos parezca de lo más interesante, es posible que a tu familia, compañeros de viaje y mascotas les dé absolutamente igual. ¿Te vas solo de vacaciones? Ahora ya sabes por qué.

3. La maleta de la cámara. Otra de esas cosas que en nuestro pequeño mundo puede parecer de lo más normal pero que no todos tienen por qué entender. El coche a rebosar o la maleta del equipaje de mano –a ver quién es el valiente de facturar con Vueling- a punto de pasar de los 10 kilos y tú empeñado en que sin el 600 milímetros el viaje no tiene ningún sentido. Tal vez deberías leer nuestras recomendaciones para viajar fotográficamente más ligeros este año y olvidarte de que, además de tu maleta, necesitas otra para el equipo.

4. Horarios. Es verdad que si lo tuyo son los viajes fotográficos, ajustar los horarios con la luz tiene mucho sentido. Pero si se trata de unas vacaciones en las que la fotografía es solo parte de la gracia, igual tampoco hace falta que madrugues y despiertes a toda la familia cada día a las cinco de la mañana para ver amanecer en Marina D’Or. ¿Perderte las cañas después de la piscina para pillar la hora azul en todo su esplendor? Tampoco parece una gran idea como filosofía de vida.

5. Reconcíliate con la cámara del móvil. Ahora que no nos oye nadie, puedes reconocerlo: tú también usas la cámara del móvil. Da igual que vayas de purista del 6 x 6 o que lleves tatuado Leica en el brazo –o Huawei, ya me entiendes-, porque resulta que los teléfonos no solo dan una calidad muy decente sino que además es la cámara que llevas siempre encima. Aprovecha el verano para descubrir todo su potencial. ¿Y si resulta que a la vuelta has sacado mejores fotos con el smartphone que con la cámara? Tranquilo, no se lo diremos a nadie.

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Jul 312013
 
Foto_verano

Fundamental ir siempre cómodo a sacar fotos, como esta muchacha. Imagen sacada de una revista de esas de life style y modernos. En serio.

Hubo un tiempo en que íbamos de vacaciones y, de paso, nos traíamos de recuerdo alguna foto. Con un poco de suerte revelábamos el carrete (para los más jovenzuelos, eso vendría a ser como la tarjeta de memoria pero en plan químico) allá por noviembre, cuando por fin acabábamos las 36 fotos en algún cumpleaños otoñal.

En lugar de eso ahora nos vamos a sacar fotos, y si nos sobra algo de tiempo entre subirlas a Instagram, comentarlas en Twitter, compartirlas en Facebook y Google+ y hacer “check-in” en Foursquare, hacemos vacaciones.

Lo que no ha cambiado es el empeño de cualquiera con un teclado a mano de, llegadas estas fechas, bombardear al personal con veraniegos y refrescantes consejos sobre qué hacer y no hacer en este agosto que se asoma y en el que, quien más quien menos, echa la persiana y abre la sombrilla. Artículos de esos con títulos abofeteables (“Un verano de foto”, por ejemplo) y dignos de la revista Cuore o de ABC, por citar algunos grandes referentes del periodismo patrio.

Pero, ¿los consejos sobre fotografía no debería darlos alguien que sepa hacer fotos? Puede que así sea. Pero visto -leído, mejor dicho- que en este país y en este sector no haber tocado una cámara no es óbice para inventarse artículos sobre las mejores cámaras del verano, se me ha ocurrido que incluso un pésimo fotógrafo como yo también puede sacarse de la manga unas cuantas recomendaciones, obviedades y perogrulladas de andar por casa.

Primer concepto: no te pases con el material. A no ser que vayas de safari fotográfico, no hacen falta dos cuerpos, tres ópticas, trípode, reflectores y ocho flashes por si se tercia una sesión de “strobist” junto al chiringuito. Aunque en Ryanair estarán encantados de cobrarte por facturar todo eso -por aproximadamente lo mismo que te ha costado- y en el pueblo serás reconocido como el fotógrafo oficial, piénsalo bien.

Llevar mucho equipo o cámaras voluminosas implica tener que discutir con el tonto de turno (estos no descansan ni en verano) que soltará la frase típica de “con eso yo también hago buenas fotos”, y además te quedarás sin excusa a la vuelta, cuando las postales sean un churro y no puedas culpar a la cámara.

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