Aug 012016
 

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Es un clásico. Te pasas un par de semanas dando la lata sobre la importancia de no ir muy cargados con cámaras y trastos, lo interesante que puede ser viajar sólo con una óptica o sobre lo harto que estás de cargar con una mochila repleta de cámaras y objetivos que no usas. Y al final acabas cayendo en la tentación de ir con todo el arsenal, la cámara de tropocientos megapixeles, los consiguientes objetivos para formato completo, el zoom por si tal, la cámara para el vídeo, la pequeña para cuando de pereza sacar la otra.

Pero este año no. Con la maleta lista para una excursión por el cantábrico en busca de la lluvia o al menos un poco de fresco, las cámaras elegidas para el viaje entran casi en dos bolsillos: la monísima Olympus Pen-F y la Sony RX100 III que desde hace tiempo es la compacta que llevo casi siempre encima.

La segunda es, por tanto, una vieja conocida. Así que en realidad tengo ganas de pasar unas semanas con calma con esa Pen-F que tantos piropos ha recibido últimamente. En su momento ya la probamos y, como suele ocurrir, hubo cosas que nos gustaron mucho (diseño, tamaño, visor…) y otras no tanto. Empezando por el precio.

Pero no es lo mismo probar una cámara con la lupa en la mano y los colmillos afilados que, una vez hechos los deberes y repartidas las bofetadas y palmaditas en la espalda, convivir y viajar con ella sin tener que estar atento a si tal botón está en su sitio, el menú de turno es un horror o a 12.800 ISO hay ruido cromático si la luna está en cuarto menguante. Por ejemplo.

Para rematar esta idea de ir con muy poca cosa encima el estupendo M.Zuiko 17 mm f1. 8 -uno de nuestros objetivos favoritos del sistema- se viene también de paseo. Cámara pequeña, un 35 milímetros equivalente y esperemos que 20 grados menos de temperatura que en Barcelona. ¿Qué puede salir mal?

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Jan 132016
 

Air Canada Rouge
Aunque en redes sociales siempre da la sensación de que todos nos pasamos el día viajando y que en el aeropuerto nos conocen por nuestro nombre, en realidad no es para tanto. Se viaja lo que se puede o lo que toca por trabajo. A veces es un viaje de prensa o blogtrip de esos que dicen ahora en el que los reporterillos vamos invitados a un evento o un destino. Otras la cuenta corre por cuenta propia.

En ambos casos y aunque la leyenda asegura que hay prensa (o la hubo) que viajaba a todo tren y en business, aquellos tiempos pasaron. Al menos para nosotros, se entiende. Se vuela en lo más barato posible y para llegar a donde haya que ir, punto. Lo de disfrutar la experiencia del viaje lo dejamos para los titulares de las revistas life style, que por lo visto vive bastante mejor. Pero no hemos venido aquí a llorar. Bueno sí, que para eso están los blogs.

El caso es que en estos años me ha tocado coger unos cuantos vuelos y padecer desde la infame comida general a los asientos para gnomos de Vueling en los que conseguir trabajar con un portátil requiere un master de contorsionismo de el Cirque du Soleil.

Nada nuevo en esa práctica tan extendida de -salvo benditas excepciones- maltratar al viajero recordándole que si viaje en turista no merece más. Por cierto, la de cosas buenas que había oído de Qatar Airways y lo normalita que es la clase turista.

Nada nuevo, decíamos, hasta que toca subirse a un vuelo de Air Canada Rouge, algo así como la marca B de Air Canada y pensada para volar a destinos turísticos. Entre ellos, Barcelona. ¿Dónde demonios está la pantalla?, preguntas al enfrentarte al peor terror de un vuelo de 9 horas seguido de otro de 5: frente a ti no hay ni monitor táctil, ni monitor viejuno ni nada. Cero. Un respaldo gris, acolchado y con pinta de llevar demasiados años ahí.

Empiezas a respirar cuando localizas en el asiento un conector de carga USB -sólo en los asientos de turista plus o algo así- y un enchufe escondido por allí abajo, y te explican que disponen de una red Wi-Fi interna (no Internet, amigos) a la que puedes conectarte para ver películas y demás contenidos desde tu iPad.

No es mala idea, la verdad. Rentable para ellos, sin duda, pero teniendo en cuenta que la pantalla de cualquier iPad es más grande y mejor que la de la mayoría de aviones… Pero, un momento, ¿y si no tienes iPad o tablet? ¿Es obligatorio en Canadá?

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Aug 102015
 

Cuba

Mentira. En realidad no ocurrió nada, como pasa siempre en las historias que comienzan con uno de esos titulares de mierda que pueblan medios virales y redes sociales. No ocurrió nada increíble ni sacó mejores fotos, porque para hacer mejores fotos estas vacaciones no necesitas otro artículo de 10 consejos escrito por alguien que lo que necesita son 10 consejos para escribir mejor. Y para aconsejar. Cosas del periodismo 2.0 low cost.

Para hacer mejores fotos lo que necesitas -lo que necesitamos todos- es ver más fotos, hacer más fotos, leer más, escuchar más, viajar más… Así de sencillo y así de complicado. El resto son milongas, aunque si pese al calor y la somnolencia estival insistes en leer algo, que sean estos dos estupendos artículos sobre el dichoso tema de los aconsejadores profesionales.

Tampoco te harán mejor fotógrafo, pero es verano y lo que se estila son los refritos de artículos ya publicados, así que allá vamos.

 

Consejos para sobrevivir a los consejos para hacer mejores fotos en vacaciones

Los consejeros son una de las grandes plagas de la humanidad. No solo los consejeros de bancos y empresas elegidos a dedo para trincar una buena pasta por señalar lo obvio, sino los aconsejadores profesionales. Esos a los que les pones un teclado delante y cuando te quieres dar cuenta y llamar a la policía –dónde está la ley mordaza cuando hace falta- ya te han clavado un artículo con diez consejos para mejorar tus fotografías.

Hasta hace poco lo de dar consejos que en realidad nadie ha pedido era una materia reservada a la carrera de cuñadísimo –por usar el tópico- y enterados en general. Pero desde hace unos años por lo visto se imparte en primero de Blogger como asignatura obligatoria.

De ahí que ahora mismo, con las vacaciones de Semana Santa a la vuelta de la esquina, posiblemente se estén publicando más tutoriales con diez consejos de estos que gente dispuesta a llevarse la cámara encima estos días. ¡No pasa nada! ¡También tenemos uno de fotografía móvil!, te gritan con entusiasmo desde la pantalla.

Librarse de esta plaga es prácticamente imposible, porque cuando se acercan vacaciones o puentes de guardar se reproducen cual tomates de invernadero: aparentes, abundantes pero sin gracia ni fundamento. Consejos para ser mejor fotógrafo. Todo lo que necesitas saber para mejorar tus fotos. Guía para hacer buenas fotos de vacaciones.

Lo gracioso del asunto es que, en realidad, la mayoría llevan años –décadas- repitiendo los mismos consejos que aburrirían a un koala con una lomo. Porque, no nos engañemos, de existir tales consejos para ser unos Leibovitz domingueros, tampoco es que sea algo que vaya actualizándose año tras año.

¿Y cómo sobrevivir a esta nueva enfermedad de nuestro tiempo? La norma básica es levantar la ceja, entrenar nuestra mirada escéptica y preguntarse en alto qué demonios me estás contando. No solo porque nadie haya pedido esos consejos, sino porque todo el mundo se los sabe de memoria, no aportan nada y sobre todo no te ayudarán a hacer mejores fotos…

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Cuando fotografiar es fácil con los ojos cerrados

Seguro que todos lo hemos pensado alguna vez al llegar a uno de esos lugares que te dejan sin respiración durante un par de segundos: aquí hasta yo puedo sacar buenas fotos. Puede que incluso esa misma idea se la hayamos aplicado a otro –que siempre es más divertido- al ver las postales que se ha traído de algún viaje exótico: retratos llenos de fuerza, colores espectaculares… Así cualquiera, y tal.

Eso mismo pensé hace unos días en las Salinas de Cabo de Gata, uno de esos parajes en los que apetece echar el ancla una temporada, mandar el móvil a paseo y quedarse por allí con unos cuantos libros, la cámara y poco más.

La carretera paralela a la playa; al otro lado, las salinas y una iglesia de un amarillo recién pintado; al frente, las primeras ondulaciones del parque natural del Cabo, y en la arena, barcas de madera a las que el viento, la sal y los años han descascarillado la pintura con esa perfección que ningún filtro puede imitar.

Allí, en aquellas pequeñas casas encaladas y con las puertas de color azul, se había rodado “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, la última película de David Trueba. Una bonita historia –basada en hecho reales- de un profesor que se escapa unos días a Almería para intentar hablar con John Lennon, que estaba rodando por allí. Aquella España de los años 60, dos chavales trazando su propia huida al sur, viajes que duraban días. Una de esas maravillas sin pretensiones para reconciliarse con la vida.

Aquí fotografiar es fácil hasta con los ojos cerrados, pensé en voz baja para que mis compañeros de viaje no pensaran que el sol me estaba afectando a la cabeza o que era un cursi.

Era mediodía, la luz era terrible pero hacia cualquier lugar donde miraras veías una foto. Y no una cualquiera, sino una con muchas posibilidades de estar por encima de le media personal, que es la mejor manera en la que uno puede catalogar sus instantáneas.

Como si el tiempo se hubiera detenido en algún punto, una señora con un pañuelo oscuro a la cabeza salió de una de las casas y se sentó en un pequeño muro, mientras el viento –que no recuerdo si era de levante o poniente- le movía el pañuelo y la blusa blanca. No llegué a tiempo para la foto, pero la hice en mi cabeza. Clic. Con los ojos cerrados. Aquí hay que volver con más tiempo, pensé antes de irme…

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