Nov 252013
 

Sony_A7_premio

Si un día de estos os pasáis por Brick Lane en Londres descubriréis dos cosas: que los hipsters de Barcelona son algo así como paletos de pueblo cursando primero de modernez, y que absolutamente todos los restaurantes indios de esta calle tienen algún tipo de premio. Mejor curry del año según no sé quien, mejor cocina india para tal publicación… No hace falta ser muy perspicaz para  sospechar del asunto, pero si uno se molesta en leer un poco sobre el tema descubrirá que la mejor cocina india de la ciudad no está en esta zona. Sorpresa.

Con los premios a los mejores productos tecnológicos del año pasa un poco lo mismo. Si ganan todos, es que o hay truco o que quienes los conceden quieren quedar bien con demasiada gente a la vez. O que consideran que sus lectores no son suficientemente espabilados como para detectar este tipo de patrañas.

A estas alturas da bastante pereza repetir la milonga de siempre, pero como alguien tiene que hacerlo -¿en serio?- ahí va: los premios son una estrategia de marketing o, dicho sin rodeos, un impuesto revolucionario. Una de esas nefastas herencias de la prensa escrita que blogs y medios on-line no han tenido ningún reparo en hacer suyas. Nadie paga directamente por un premio pero o se hace indirectamente (por uso de logotipo en caso de los TIPA) o se trata de un juego de relaciones públicas. Un juego sin mayor maldad de no ser porque en el centro se toma el pelo a usuarios y lectores. Suponiendo que a estas alturas alguien se crea este rollo, que es mucho suponer.

La historia ya es conocida pero por lo visto ya no hay ni ganas de disimular. Porque una cosa es discutir el criterio del jurado o hacer chistes sobre las 25 categorías de turno creadas para que todo el mundo vuelva a casa con una estatuilla de esas, y otra premiar cámaras que ni se han probado o que no se sabe muy bien lo que son.

Como los chicos de ADSL Zone, que hace unas semanas dejaban el listón muy alto al elegir la Panasonic Lumix GX7 como mejor cámara compacta del año. Sí, exacto. com-pac-ta. De esas que no permiten cambiar el objetivo. Como la GX7, una de las Micro Cuatro Tercios más potentes del momento y convertida por obra y gracia de un premio en una compacta. Tampoco era tan difícil leerse el catálogo, ¿no?

También tiene su punto de milagro lo de Xataka. Sólo así se explica que hayan premiado la Sony A7 como la mejor cámara sin espejo del año. ¿No lo es? Posiblemente. El problema es que no pueden saberlo, porque no la han probado. Y, por lo que leo, ese pequeño detalle no se menciona en ninguna parte. ¿Seguro que no la han probado? Sí, porque las primeras unidades funcionales de esta cámara aterrizaron en España sólo 24 horas antes de que los premios se entregaran.

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