Dec 112013
 

Loteria

¿Quiénes son los genios que están detrás del indescriptible anuncio de la Lotería de Navidad de este año? ¿Han sido ya encarcelados o todavía están pendientes de juicio? ¿Qué les pasa en la boca a Raphael? Aunque la lista de preguntas sería interminable y posiblemente la mayoría de ellas se quedará sin respuesta -o condena- la primera de todas sí tiene solución.

La idea de este engendro publicitario es de la agencia Tactics, cuyo director creativo curiosamente también estaba detrás de los ya míticos anuncios del calvo de la lotería. Sí, esos que comparados con el de este año parecen obras de arte.

El otro día en la Cadena SER entrevistaron a los responsables del comentadísimo anuncio. ¿Entregaron las armas y pidieron perdón? Nada de eso. Verónica Seguí -una de las responsables de la agencia- se mostró encantada del anuncio y de la repercusión que había tenido. En realidad es fácil de entender la postura y el papelón a la hora de defender el trabajo de su agencia. Si aquí no dimite nadie por cosas mucho peores, no van a ser ellos los primeros en pedir disculpas.

Pero Seguí se vino arriba tal vez más de lo recomendable y soltó una de esas frases que igual los creativos y la gente de marketing lleva tatuada, pero que a un servidor -aburrido periodista- le dejó un tanto picueto: “un impacto es un impacto”. Vamos, que hablen de ti aunque sea para mal.

Una teoría interesante, sin duda. Porque, pensándolo bien se trata de un sistema más implantado de lo que podría parecer a primera vista. Sí, también en este aburrido mundillo fotográfico y tecnológico en el que nos ha tocado movernos.

¿Qué dicen todas las compañías del sector cuando se filtra una cámara después de hacer firmar a la prensa absurdos documentos de confidencialidad? “Bueno, al menos se habla de nosotros…” ¿O cuando se les pregunta por esos premios ridículos que recogen con una sonrisa y luego exponen en cuanto hay ocasión o un powerpoint que llevarse a la pantalla? “Un premio es un premio, esto sirve para animar el sector, cómo lo vamos a rechazar, bienvenidos sean…”

Versiones propias de ese “un impacto es un impacto” de la Lotería, pero que en el fondo vienen a significar exactamente lo mismo. Que hablen de mi. Que me premien aunque esa estatuilla sea a la calidad lo que Bustamente a la música.

Da igual que ese bazar en el que nos han sacado sea descaradamente publicidad. O que la revista para hombres sensibles o mujeres de armas tomar sólo hable de nuestro producto si les hemos metido un anuncio a toda página. Da igual que se cuelen publirreportajes como si fuera contenido y que los vistamos de brand content para que suena más moderno. El caso es salir. Como sea. Al precio que sea, e incluso quedando en evidencia. Queremos impactos. Más impactos.

Tal vez todo eso sea sólo la triste realidad del mercado. Son sólo negocios, muchacho, guarda tu deontología y toda esa mierda. Puede que en el marketing las cosas funcionen así. Pero visto desde fuera, me gustaría pensar que cada vez hay más usuarios, lectores y clientes a los que no les gusta que les tomen el pelo.

Y que están dispuestos a responder. Con parodias de un anuncio lamentable o con un dedo elegantemente levantado ante las firmas que les toman por idiotas y que consideran que por un impacto todo vale.

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