Oct 082014
 

Canon-Impossible

Dice la revista Cosmopolitan -que sabe mucho de la vida en general y de los hombre en particular- que la primera vez que ese capullo se va al fumbol en lugar de quedar contigo es culpa de él. Pero la segunda -y sucesivas- son ya culpa tuya. Por no mandarle a la mierda, se entiende. Tía.

Si aplicamos esa filosofía vital a la última de Canon, sólo cabe una conclusión: la culpa es nuestra. Porque en el fondo sabíamos que detrás de una cuenta atrás, un lema altisonante y todo la expectación creada en las últimas horas no iba a haber nada. O nada de lo que a nosotros nos gusta. Ni un cacharro nuevo, ni un sensor Foveon con 4K, ni una mísera compacta con 100x que jamás nos compraremos pero que siempre hace gracia.

Prometían en Canon ver lo imposible y al final sólo han visto la cara de decepción de unos cuantos fans que, por lo visto, esperaban algo más que una campaña de comunicación y una web dedicada a hablar de las experiencias de uso de sus productos. ¿Todo este rollo para una maldita web?

El producto es lo de menos, repiten los genios de marketing, lo importante es el usuario. Lo que interesa no son esos 12.800 ISO, sino lo que tú puedes hacer con ellos. No sólo estamos de acuerdo con la idea, sino que además suena genial, la verdad. Y eso es muy importante en publicidad, ¿verdad pillines?

El problema es que no es verdad. O, mejor dicho, no cuela. Porque si lo que importa no son las prestaciones, sino la experiencia de uso y la inventiva del comprador para explotar al máximo su inversión a todos nos gustaría saber por qué alguien debería comprarse la Mark VIII de turno cuando todos sabemos que con la Mark VI puede seguir tirando. Y en el 90% de las ocasiones hacer fotos o vídeos tan buenos. Es lo malo del mercado de consumo: que necesita consumidores que compren a veces más llevados por el impulso o por darse un capricho que por sentido común. Y eso, claro, queda feo decirlo así.

Así que mientras el resto de divisiones de Canon por el mundo se comen el marrón de sus primos americanos -y seguramente los maldicen en voz baja por haber vuelto a liarla- sólo nos quedan dos preguntas sin respuesta: ¿cuándo y cómo será la próxima? -porque habrá una próxima, claro- y cuánto cobra una agencia de comunicación capaz de idear una campaña que promete interesarse por el usuario y comienza encabronando a unos cuantos miles de ellos.

Y, por cierto, para la próxima al menos a ver si somos capaces de hacer bien la cuenta atrás.

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