Feb 122014
 

sigma_dp2_quattro_6

Que Sigma lo está haciendo muy bien con su última gama de ópticas es de sobra sabido. Objetivos de excelente calidad, buena construcción y un precio que saca los colores a otros fabricantes. Es algo casi tan evidente como que su valor y cabezonería en el segmento de cámaras es digno de estudio. Pocas firmas se han estrellado tantas veces contra el mismo muro y han respondido como ellos. ¿No queréis Foveon? ¿Os reís del diseño de nuestras cámaras? Pues nos da igual. Con un par.

El reciente anuncio de las DP Quattro es el penúltimo capítulo de esta bonita historia sobre un amor imposible. Y la prueba más clara de que ganan mucho dinero con los objetivos y en algo hay que gastarlo. O que el sake fluye de forma considerable entre los equipos de diseño de la compañía.

Pero no vamos a hacer chistes sobre el aspecto de estas nuevas compactas. Mejor pasarse de frenada al intentar hacer algo diferentes que acabar repitiendo lo mismo y provocar un sonoro bostezo. Sobre todo si, como parece ser el caso, tus cuentas y tu futuro no depende de ello. Para Sigma las cámaras siempre han sido como el patio del recreo en el que jugar. Así que lo importante es pasárselo bien.

Así que muy bien por ese diseño valiente. Si de lo que se trataba era de crear ganas por tener una de ellas entre las manos, lo han conseguido. Morbo, curiosidad… lo que sea, pero el caso es que tengo ganas de probarlo.

No es sólo diseño. Por dentro estrenan un nuevo Foveon que sigue más o menos fiel a los principios de esta tecnología (tres capas de color RGB en lugar de un filtro Bayer) pero con importantes modificaciones. Ahora una primera capa azul concentra la mayoría de la resolución (20 megapíxeles) y las otras dos se conforman con 5 cada una. Una apuesta que sobre el papel promete mejorar la captación de luminancia y control de ruido, pero sin afectar al color de la imagen, signo de identidad de los sensores Foveon X3.

¿Pinta bien? Sí. ¿Cambiará algo? Posiblemente no. Se trata de un sistema minoritario y cuyas ventajas -al menos hasta ahora- son sólo perceptibles en un 1% de las situaciones y para un 1% de los fotógrafos. Siendo optimistas. Lo decíamos hace ahora casi cuatro años hablando sobre lo mismo.

La teoría, insisto, es muy buena. Las Sigma DP son unas compactas muy interesantes y valientes. Incluso cada cierto tiempo renacen rumores sobre el uso de captores Foveon por parte de otras compañías.

Pero no parece que la práctica ni el día a día del mercado -que puede ser de todo, menos justo- esté por la labor de ser clemente con estos sensores de tres capas. Ahora mismo su supervivencia depende, básicamente, de que alguien en Sigma siga encaprichado con este proyecto que, a todas luces, muy rentable no puede ser.

Nada ha cambiado y parece lógico de que los nuevos Foveon Quattro -undécimo intento y vuelta de tuerca a lo mismo- vaya a conseguir cambiar algo. En Sigma posiblemente lo saben mejor que nadie. Por eso insisten en poner sobre la mesa cámaras que son tan extrañas por fuera como por dentro.

En una cosa si nos equivocamos hace cuatro años. La paciencia y el dinero tienen que están a punto de acabarse, dijimos. Está claro que no.

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