Mar 232015
 
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“Llevo dos horas viendo la misma puñetera ballena y ahora estoy hablando con mi madre enferma, cansinos” La ya famosa foto, por cierto, está sacada de la cuenta de Instagram de “esmith_images”

La gente es incapaz de disfrutar de su vida porque está demasiado pendiente del móvil y de las redes sociales, concluía el otro día uno de esos estudios posiblemente elaborados con el conocido sistema de “tengo la conclusión, dame algunos datos para que cuadre”. Aseguraba este informe sobre lo lerdos que nos estamos volviendo por culpa de los smartphones, el Facebook y todas esas cosas, que el 91% de los encuestados reconocía haberse perdido algún momento importante por estar pendiente de la pantalla de turno o de tuitear esa experiencia.

Mientras muchos mueven la cabeza en señal de conformidad con las conclusiones y quienes me conocen me apuntan con el dedo como claro ejemplo de los que se pasan el día colgado de alguna pantalla -señal de evidente infelicidad, según este estudio- puede que a alguien le haya venido a la cabeza esa conocida foto del chico mirando el móvil mientras una ballena pasa al lado de su barco.

En lugar de estar disfrutando ese momento irrepetible -parece ser la sentencia mayoritaria- seguro que está escribiendo alguna tontería en Twitter. Y es posible. Pero puede que el muchacho en cuestión llevara dos horas viendo cetáceos, que estuviera hasta el gorro de ver y fotografiar a esa ballena cansina y que estuviera escribiendo en el móvil un mensaje a su madre enferma o su mujer de parto. ¿Y qué demonios hace viendo ballenas en ese caso? Yo que sé, me lo acabo de inventar como vosotros lo otro.

Es verdad que mi opinión vale bien poco -menos de lo habitual, quiero decir- porque para los periodistas las redes sociales son también parte de nuestro trabajo. No para contar dónde estamos en cada segundo o si nos acabamos de hacer las cejas brasileñas pero sí como parte del flujo de información diario que nos llega y que lanzamos por ahí. ¿Cuela la excusa para justificar el vicio? Había que intentarlo.

El caso es que este tipo de estudios tremendistas siempre dan bastante risa. De entrada porque pueden ser respondidos con una frase casi tan cursi y simplona como su conclusión. Tomen nota: “si no compartes los momentos con tu gente, es como si no los hubieras vivido”. Y ahí es donde entran las fotos que hacemos y que se supone son parte de esa adicción que tenemos a documentar el momento en lugar de centrarnos en disfrutarlo con todos los sentidos.

¿Acaso eso es nuevo? Que se lo comenten a los fotógrafos que de viaje se levantan a horas intempestivas o caminan hasta lugares absurdos sólo para tener una mejor luz o encuadre. Todo ello por un paisaje que están viendo a través de la pantalla o el visor, por cierto. Y sí, posiblemente si la foto queda bien luego la subirán a sus redes sociales y puede que hasta disfruten mientras ven subir los “me gusta”. Pero, insisto ¿es eso algo nuevo?

De hecho, hace no mucho uno de los padres de Internet también daba la voz de alarma -nos pasamos el día entre histerias apocalípticas- para que imprimiésemos nuestras fotos. El resto se perderán y no quedará constancia de estas décadas, pronosticaba el bueno de Vint Cerf que por lo visto había tenido un mal día o había borrado una tarjeta de memoria por error.

Entonces qué tenemos que hacer para demostrar que somos felices y que nos encanta ese paseo en globo sobre el Cañón del Colorado, ¿fotografiarlo o disfrutarlo? Porque si sólo lo disfrutamos y no hay fotos impresas dice el señor Cerf que también es un error.

O, por ejemplo, durante el eclipse -entre nubes en Barcelona- del otro día seguramente la mayoría estábamos más pendientes de intentar sacar una maldita foto sin quedarnos ciegos que de vivir a tope ese momento de conjunción interplanetaria. ¿Nos estamos perdiendo lo mejor por hacer la foto, por compartirla en lugar sentarnos plácidamente con un vermut en la mano a ver cómo se oscurece en sol y que le den a la cámara? ¿Pero si nadie saca foto al eclipse, cómo sabremos dentro de unos años que ha ocurrido? Sigo sin tenerlo del todo claro, así que igual lo suyo era hacer fotos con el vermut ese en la mano.

Una foto publicada por Iker Morán (@photolari) el

Por cierto, la foto de la ballena la colgó originalmente Eric Smith en su cuenta de Instagram. Cabe suponer que él no se estaba perdiendo un momento tan importante como ese mientras observaba al tipo del móvil y le hacía una foto en lugar de estar mirando la ballena. ¿Verdad?

 Posted by at 7:00 am
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