Nov 112014
 

Captura-de-pantalla-2014-11-10-a-la(s)-00.09.38Antes los malos al menos tenían la decencia de ser medianamente listos. O de, ya que normalmente son los que manejan la pasta, contratar a alguien con un par de dedos de frente. Cabronazos de esos de manual pero que, oye, al menos demostraban cierto ingenio y estilo mientras cometían sus fechorías.

Pero parece que esos tiempos pasaron y ahora hasta los villanos tiran de community manager de rebajas, de agencia de comunicación de saldo y, en general, de gente que no ha hecho la Master Class de Pelayo. Sólo así se explica la última campaña que ha lanzado el malvado Banco Central Europeo.

Y es que uno se lo imagina, no sé, destrozando economías de países, fustigando al sur con el látigo de la Merkel, pidiendo más recortes o sugiriendo que eso de que los trabajadores tengan que comer tres veces al día igual es vivir un poco por encima de sus posibilidades. Y todo mientras se encienden un puro con un billete de 500 euros, claro.

Todo eso sería lo normal, pero lo que es absolutamente intolerable es que lancen un nuevo billete de 10 euros y para celebrarlo organicen un concurso en redes sociales pidiendo que la gente se haga selfies con el nuevo billete para ganar un iPad. Parece un chiste pero va en serio. El Banco Central Europeo pidiéndonos un selfie.

Sí, eso mismo que has pensado tú –selfie el que tengo aquí colgado y tal…- es lo que se le ha ocurrido a muchos ciudadanos comunitarios que están hasta la troika del susodicho banco y sus políticas. A ver, tampoco todo el mundo, -siempre hay quien se apunta a todo- pero sí suficientes como para que la campaña les haya salido un poco torcida.

O como diría cualquier periodista español: “los selfies del Banco Central Europeo incendian las redes”. Algún día alguien tendrá que inventar las redes ignífugas con este ritmo de incendio diario que llevamos.

Así que basta darse un paseo por el hastag #mynew10 de este ingenioso concurso para descubrir el arte del personal a la hora de mandar a Draghi y sus secuaces a paseo con sus selfies y su nuevo billete de 10 euros. Realmente extraño y poco previsible que la gente sea así de rencorosa, ¿verdad? Pues venga, campeones, ahora repetimos la gracia con uno de 500 euros.

Claro que como suele ocurrir en estos casos, tras el cachondeo inicial viene lo malo: darse cuenta de que esta campaña también la hemos pagado nosotros. Y que esta gente es la que maneja nuestro futuro.

 

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