Feb 032014
 

Su Nikon le salvó la vida, parando la bala que iba hacia él. Cuesta imaginar una anécdota -todavía conserva la cámara con el agujero, recuerda- capaz de condensar mejor la trayectoria de uno de los fotógrafos de guerra más reconocidos de las últimas décadas. Don McCullin tiene en su curriculum una trayectoria de 50 años y sus imágenes de de Vietnam o, más recientemente, de las crisis humanitarias en África son ya parte de la historia del fotoperiodismo. Él ha firmado algunas de las instantáneas más reconocidas del siglo XX.

Tal vez por eso ha sorprendido tanto esta pequeña entrevista publicada recientemente y en la que en poco más de tres minutos McCullin pone patas arriba esa idea del fotoperiodismo como un medio para agitar conciencias y denunciar injusticias. Algo que, por cierto, ya había insinuado antes pero que ahora resume con especial dureza.

“He malgastando la mayoría de los últimos 50 años de mi vida fotografiando guerras”, apunta este reportero mientras nos revolvemos incómodos ante la pantalla. Pero no se trata sólo de rechazar la cansina estética del fotógrafo intrépido y aventurero, sino que McCullin va más allá. “¿Qué bien he hecho mostrando todas esas imágenes de sufrimiento?”, se pregunta en voz alta.

Dedicado desde hace años a la fotografía de paisaje, el fotógrafo británico reconoce buscar en este tipo de imágenes una forma de compensar sus años retratando el dolor. No quiere ser recordado -pide en este vídeo que lleva días dando mucho que hablar- como un fotógrafo de guerra. “Odio ese título”.

Atreverse a discutir las palabras de alguien con su trayectoria sería tan absurdo como pretencioso. Aun así, es evidente que su discurso pone sobre la mesa un montón de preguntas. En realidad las preguntas de siempre pero que en su boca parecen adquirir una nueva dimensión.

¿Sirve de algo el fotoperiodismo de conflicto o se trata sólo de una sucesión de postales para ganar premios y que alguien pueda decir aquello de “dantesco”? ¿Nos engañamos al sobrevalorar la capacidad de una foto para cambiar las cosas? ¿El horror y la impunidad son iguales con o sin testigos?

A muchos nos gustaría pensar que no. Que McCullin está equivocado. Que quizás sólo está cansado. Claro que sus fotos sirvieron de algo, repetimos mientras las volvemos a ver. Y puestos a elegir, nos quedamos con lo que el mismo decía hace pocos meses en otra entrevista que -tal vez por no tener un titular tan llamativo- pasó más desapercibida: no hace falta coger un avión para retratar la guerra, porque algunas están aquí mismo. Pero sigue haciendo falta que alguien las retrate.

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