Nov 302011
 

@ Richard Moose

Un curioso proyecto que encantará a todos aquellos a los que no les (nos) hace demasiada gracia volar: el fotógrafo Richard Moose se ha dedicado a retratar por todo el mundo los restos de algunos accidentes aéreos. Aviones siniestrados -la mayoría hace ya bastantes años o incluso décadas- que se han acabado transformando en parte de un paisaje entre singular y macabro.

Un original ejercicio de arqueología industrial en versión aerea y con ese componente de mal rollo que siempre provocan los desastres aereos. Según leo en un reciente número de la revista Esquire -imprescindible para tipos interesantes y sensibles-detrás de cada fotografía hay una historia bastante curiosa e incluso con cierto misterio. La más extravagante, posiblemente, la de un Boeing derribado en 1982 en Libia que acabó reconvertido en un restaurante en Damasco

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