Jan 222013
 

A los uniformados. A los recortes. A quedarse en el paro. A los tontos con poder. A los que votan a quienes llevan la corrupción en el ADN de su ideología. Al meteorito ese que va a pasar cerca de la Tierra. A Leticia Sabater.

Hay muchas cosas a las que tener miedo, la verdad. Y en el sector de la fotografía, si de algo se sabe es de miedo. Además de un ego en ocasiones desmesurado y capaz de luchar cara a cara incluso con el de los gurús 2.0 (que ya es decir), los fotógrafos son una especie predispuesta al acojone. El hombre del saco en su versión con cámara tiene varias formas (la tecnología, la competencia, el cambio…) pero de uno u otro modo suele aparecer cada vez que se reúnen unos cuantos profesionales del tema.

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Las quejas por la lamentable situación laboral del sector están más que justificadas. Argumentos para echarse al monte y empezar a repartir guantazos sobran, y todos los conocemos. Pero detrás de eso muchas veces se percibe el miedo. Y como se suele decir, siempre se teme lo que se desconoce.

Sin ir más lejos el viernes pasado la Asociación de Fotógrafos Profesionales de España (AFP) organizó una charla en Barcelona sobre fotografía gastronómica (“Evolución de la fotografía de alimentación y perspectivas de futuro”) con el mismísimo Ferran Adrià como ponente de lujo.

Fiel a su estilo, Adrià planteó más preguntas que respuestas en un discurso aparentemente caótico pero lleno de genialidades de las suyas. No hacen falta cursos de liderazgo o de comunicación vende-humo cuando detrás hay cosas interesantes que decir.

¿La fotografía de un plato tiene que responder a la visión del fotógrafo o a la del cocinero? ¿Las fotografías que se realizan para un catálogo o un libro y no para entrar en un museo pueden ser consideradas arte? ¿Cómo será la fotografía dentro de 50 años? ¿De qué vivirán los fotógrafos?

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