Feb 222011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Dicen los expertos en la materia que uno de los pilares de la desinformación es, paradójicamente, el exceso de información. Recibimos tantos datos a lo largo del día que la frontera entre lo sustancial y los detalles más absurdos y prescindibles se desvanece. Creemos saber tanto que en realidad no nos enteramos de nada.

Leía el otro día en los siempre interesantes flashazos que en Facebook ya hay colgados unos 60.000 millones de fotografías. Nada menos. Algo así como 1.666 millones de carretes de 36, para aquellos que con las grandes cifras se pierden con los euros y prefieren las pesetas.

Y esa estratosférica cifra es en realidad sólo un dato más. Habría que sumarle todas las imágenes almacenadas en Flickr y galerías similares, los cientos de instantáneas que comparten por minuto los viciosos de Twitter y las olvidadas en tarjetas y discos duros de aquellas vacaciones de 2003 en Benidorm.

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Dec 272010
 

“Tenían la foto, y punto. Habían cumplido con la exigencia de un ritual tan fácil y barato como el fin de semana en Cancún. Si alguien hubiera preguntado el motivo, lo habrían mirado con desconcierto y sincera sorpresa. Para qué, entonces, tienes una cámara gratis en el móvil, sería la respuesta. ¿Para no usarla? Y así van por la vida, y así vamos. Sin detenernos siquiera. Sin ver el mundo más que a través de un teléfono móvil o una pantalla de televisión.

Luego nos preguntan por lo que fotografiamos y se nos pone cara de escuchar una gilipollez. ¿Pues qué va a ser? El motorista que se ha partido el espinazo, la señora desmayada en la calle, el manifestante que rompe escaparates, la mancha de sangre en la acera. Lo de menos es averiguar las causas y las consecuencias.”

El siempre polémico Arturo Pérez Reverte publicaba allá por el mes de noviembre una interesante columna en El Semanal sobre esto de darle al botoncito sin pensar demasiado.

Una reflexión fotográfica que, en realidad, recuerda mucho a ese periodismo dicharachero y enrollado que tanto se lleva hoy en día. Ya saben, lo que importa es mostrar al yonqui de turno -primer plano de la jeriguilla, gracias- o el suceso escabroso del día, sin ir más allá y sin preguntar demasiado.

En cualquier caso e independientemente de lo bien o mal que a cada uno le caiga el susodicho Pérez Reverte, una lectura altamente recomendable, incluso para bajar el nivel de azúcar en estas entrañables fechas.