Apr 162012
 

© Rann Safaris

Hay instituciones que, definitivamente, no se llevan bien con la fotografía. Y la monarquía española parece un buen ejemplo de este extraño suceso, digno de ser estudiado por el mismísimo Iker Jiménez: cada vez que aparece una instantánea borbónica su últimamente maltrecha imagen -nunca mejor dicho- acaba perdiendo más puntos que el IBEX 35.

Y eso que -se dice por ahí- su campechana alteza es (o era en sus tiempos mozos) un gran aficionado a la fotografía y que más de una firma se desvivía para que puediera probar los últimos juguetes del mercado. Pero una cosa es estar al otro lado de la cámara y otra posar. O que te pillen con las verguenzas al aire. En plan metafórico o literal.

El affaire bostwanés y la lógica reacción de mala leche que ha provocado entre el personal -y el consiguiente cachondeo por las redes sociales, claro- evidencia que alguien en la Zarzuela debería ir actualizando su curriculum. Porque más allá de lo indecente del asunto a todos los niveles, la chapuza comunicativa es de risa: hay que ser muy ingenuo o tonto para hacerse -o dejar que se haga, mejor dicho- una foto así y que esté disponible en la agencia de viajes de turno.

No obstante y como prueba de la buena voluntad de este humilde blog y del súbdito que teclea para con la institución monárquica nada mejor que rebajar la tensión fotográfica con otra instantánea más inocente que nos dio grandes momentos de descojono allá por las navidades de 2006.

Me pregunto si el responsable de prensa que dio luz verde a este elegante montaje y al que se le ha colado el tema del elefantes es el mismo. En su honor ahí va este entrañable artículo que publicamos en su momento:

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