Feb 052014
 

Cuando uno decide estudiar Periodismo asume que saldrá de la facultad sin haber aprendido demasiado pero sabiendo jugar al mus. Y que salvo braguetazos, herencias o loterías, nunca será rico. Pagar la hipoteca dándole a la tecla ya es a día de hoy casi un milagro. Pero, de acuerdo, digamos que eso va con la profesión y toca asumirlo. A cambio, como todo el mundo sabe, los periodistas ligamos mucho, trabajamos poco y nos pasamos todo el día comiendo canapés.

Tres cuartos de lo mismo les pasa a los compañeros de la cámara, aunque da la sensación de que ellos siempre van un paso por delante en eso de la precariedad y el inframundo laboral. En los últimos años las condiciones de trabajo de muchos reporteros son de esas que harían sonreír con lascivia a los genios del FMI que proclaman moderación salarial.

Pero una cosa es trabajar mucho a cambio de cuatro duros o jugarse el tipo en cualquier guerra olvidada por crónicas pagadas a precio de becario de bloguero o que te roben las fotos. Y otra muy distinta es que encima se rían de ti.

Porque sólo como una burla puede entenderse la respuesta que el otro día dieron desde un medioon-line dedicado a la información del corazón después de que una periodista descubriera que habían cogido y publicado una foto realizada por ella para ilustrar una entrevista. No ya sin pagar, sino siquiera sin molestarse en pedir permiso.

Ya te pagamos con el prestigio de salir en nuestra web. Una gilipollez de este calibre respondieron. Hay que ser muy mezquino y respetar muy poco el trabajo de los demás para pensarlo. Y tener muy pocas luces para decirlo.

Te pago con prestigio, pero además sin darte la opción a rechazar ese cheque con un sonoro corte de mangas. Yo cojo la foto, y luego ya si eso… Así que aquí no sirve ese argumento tan liberal de que la culpa está repartida al 50% entre quien ofrece unas condiciones miserables y quien las acepta, como si se tratara de un acuerdo entre iguales.

Pero el fascinante tema del prestigio tampoco es algo nuevo, porque eso mismo es lo que ofrecía la edición española de El Huffington Post para pagar a sus blogueros. No deja de ser curioso que lo propongan como forma de pago justo los medios que no andan muy sobrados de ese prestigio que pretenden regalar a sus trabajadores. ¿Verdad que cuesta mucho imaginar a la BBC pagando con prestigio? Casi tanto como a un banco aceptando sacos de prestigio para pagar las facturas.

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