Jun 182014
 

Bienvenidos a la nave del misterio. Esta semana hablaremos de una de las conspiraciones más maquiavélicas del planeta. ¿Las estelas químicas (chemtreils) con las que nos fumigan losreptilianos desde aviones comerciales? ¿El cónclave secreto de las farmacéuticas para que ningún estudio demuestre los beneficios de esas bolitas de azúcar vendidas a precio de uranio enriquecido? Peor aún: la obsolescencia programada.

A estas alturas casi todo el mundo sabe de qué se trata y ha visto un par de documentales sobre el tema, pero por si hay algún despistado, digamos que es la oscura trama de los fabricantes para que nuestros gadgets y demás trastos electrónicos dejen de funcionar y nos veamos obligados a renovarlos. No es que quieras ese iPhone 6 o esa Sony A7S que todavía no están a la venta; es que los necesitas porque lo que tienes ahora está a punto de estropearse. ¿Verdad que sí?

Como ocurre con todas las conspiraciones hay cierto porcentaje de realidad y un alto contenido de paranoia. Y todo muy disuelto (como en la homeopatía: chiste redondo) con algo de verborrea para que suene creíble. No es que los trastos tengan una fecha de caducidad o un chip secreto para dejar de funcionar pasado cierto tiempo, pero sí es verdad que los fabricantes no se esfuerzan demasiado en hacer las cosas reparables o los componentes sustituibles para poder darle una nueva vida al aparato en cuestión. O al menos no para que el usuario medio sea capaz de hacerlo.

Pero eso es una cosa y otra muy distinta es decir que las cámaras digitales –por hablar de algo de lo que se supone sabemos- padecen esta infección secreta de la obsolescencia programada. “Los sensores digitales están programados para durar unos 250.000 disparos”, aseguraba hace unos días Joan Fontcuberta en una de sus conferencias mientras comentaba el proyecto de un artista: realizaba esa cantidad de fotos con una cámara y después las colocaba juntas creando una especie de collage. Todo muy conceptual.

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Jan 102011
 

Posiblemente es más difícil de decir que de ententer. Las cosas ya no se fabrican para que duren toda la vida y, es más, en mucho casos sus componentes tienen una fecha de caducidad predeterminada.

Sobre esa idea se sustenta la llamada obsolescencia programada o planificada, abordada de forma muy interesante en un documental emitido hace semanas en TV3 -y recomendado con muy bien criterio por uno de los lectores de este blog, por cierto- y que ayer mismo recuperó La 2 de TVE. Así que supongo que en breve estará disponible on-line también en castellano.

Impresoras que dejan de funcionar al llegar a cierto número de copias -me gustaría saber, por cierto, lo que opinan en Epson del asunto- bombillas que antes duraban toda la vida (ésta lleva encendida desde 1901) y ahora apenas soportan 1.000 horas, baterías del iPod que no pueden cambiarse…

Pero más allá de lo anecdótico, lo enrevesado de esta ecuación es que por un lado resulta insostenible pero por el otro es el pilar de la economía de mercado y su crecimiento basado en el consumo y, por tanto, en la caducidad y renovación continua de los productos.

Aunque posiblemente nuestra primera reacción es asumir el papel de víctimas de una especie de consipiración global, lo que toca es analizar el papel que nos correponde como tontos útiles o como activos colaboradores en el engranaje de esta noria.

Más aún si nos centramos en el mercado de la tecnología, uno de lo que ha asumido con mayor naturalidad este juego. El escaparate fotográfico, por supuesto, tampoco es una excepción.

Por un lado protestamos porque las cámaras ya no duran como aquellos hierros que se heredaban de generación en generación. Pero cuando alguna firma osa mantener un modelo en el mercado más de dos años ya comienzan a surgir rumores de todo tipo sobre su salud financiera o su capacidad de innovación.

¿Caducan antes las cámaras (y se diseñan además para no ser reparadas) o somos nosotros los que hemos entrado en una absurda dinámica de renovar trastos cada tres años, condenando a coger polvo en algún rincón del armario cámaras en perfecto estado de salud?