Jan 072016
 

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Los de Bilbao somos difíciles de impresionar. Así que nuestra reacción es la misma ante ese Phase One de 100 megapíxeles que ante la nueva Nikon D5 y sus estratosféricos 3.280.000 ISO: ¿sólo? Todo nos sabe a poco porque, como es de sobra sabido, en la capital del mundo las cámaras tienen resolución y sensibilidad infinita. Cual ego de una bloguera de moda, aproximadamente.

El caso es que ayer tuvimos la oportunidad de jugar con una de las primeras Nikon D5 que andan por Las Vegas, donde acaba de ser anunciada esta réflex. Sus datos son realmente espectaculares y hemos vivido en directo las dudas y sudores fríos de alguien que se paso de las réflex a las sin espejo y ayer ponía caritas al escuchar el elegante sonido del espejo en cada disparo y ver cómo enfocaba la cámara: clac-clac-clac-clac.

Evidentemente la D5 no es esa cámara que uno pida para su cumpleaños o que incluya en la lista de caprichos con los que soñar. Es una cámara para trabajar o, como aseguraban desde Nikon, desarrollada hasta el último detalle para aquellos que no pueden perder una foto ni –esto ya es traducción libre de su discurso- hacer experimentos con gaseosa con nuevas cámaras, sistemas o tecnologías. Tienes que enviar la foto y necesitas esa foto, punto. El resto son detalles más o menos importantes, pero en cualquier caso secundarios.

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